Felisa Romero, una mujer comprometida con su profesión las 24 horas del día.
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Felisa Romero, una mujer comprometida con su profesión las 24 horas del día.
(LA OPINION)
Felisa Elina Romero, “Kuky” como la conocen todos, es una de las obstétricas más reconocidas de la ciudad. Cuenta con muchos años en el ejercicio de una profesión estrechamente vinculada con la vida. Su trabajo consiste en asistir a las mujeres durante el parto, guiarlas hacia él y sostenerlas cuando el alumbramiento sucede, en el contexto que sea. Disfruta de su tarea y eso se traduce en cada instancia de la charla. Se anima a trazar su “perfil” en una entrevista que se desarrolla en el Hospital San José, en un alto de la guardia. “Acepté la propuesta porque es un orgullo para mí, pero en realidad soy pergaminense por adopción ya que nací en Cosquín, provincia de Córdoba.
“Sin embargo, experimento la sensación de sentir que soy de este lugar. Aunque mi madre nos enseñó a amar Córdoba, hace un tiempo volviendo de un viaje me descubrí llegando a Pergamino diciendo: ‘Qué lindo llegué a mi casa, a mi lugar, donde están mis cosas’”, señala en el inicio de la charla.
Al otro lado del pasillo, hay bebés que ella ayudó a “traer al mundo”. “Es la profesión más bonita que existe”, afirma con la convicción y el placer de alguien que se dedica a hacer lo que ama.
“Kuky” lleva ese sobrenombre desde la panza de su mamá, porque en honor a ella y a su abuela iba a llevar sus nombres. “Presuponían que no me iban a gustar, así que optaron por elegirme también el sobrenombre, así que lo llevo conmigo desde siempre”.
Vive en Pergamino desde los 4 años. “Mi papá, Jorge Orlando Romero, era pergaminense; mi mamá María Elina Ontivero de Romero, cordobesa; somos tres hermanas, Blanca Susana, yo y Marta Graciela”, cuenta en lo que constituye la biografía de una niña que desde siempre tuvo conciencia de la importancia de “trabajar para forjarse un destino”.
“Hice la escuela primaria en el Colegio del Huerto, cuando tenía 11 años mi papá enfermó de cáncer y decidí cambiarme de colegio al Comercial porque eso me iba a permitir obtener un título con salida laboral para ayudar a mi mamá; mi padre falleció cuando yo tenía 14 años”, relata.
Vocación y tarea
Siguiendo su vocación conocida desde temprano, al finalizar el colegio secundario Felisa comenzó sus estudios de Obstetricia en la Universidad Nacional de Córdoba. “Desde chiquita cuando pasaba por la Ciudad Universitaria decía ‘voy a estudiar acá’ y así fue”. Allí hizo dos años y medio y cuando se cerró la carrera, continuó en Rosario hasta obtener su título.
“Mi vocación la descubrí temprano, el día que nací mi madrina me levantó en sus brazos y dijo: ‘Esta chica va a ser partera’, esa certeza me acompañó desde siempre, y abracé esta profesión con toda pasión, no hay nada más extraordinario que dar vida; es una carrera maravillosa”.
Comenzó a ejercer en 1975. Fue la primera licenciada en la especialidad que tuvo Pergamino. Recuerda al pie de la letra cada fecha. “Durante tres años trabajé ad honoren, luego lo hice como interina y más tarde obtuve mi nombramiento; Maternidad funcionaba donde hasta hace poco dictaban la carrera de Enfermería, después nos trasladamos al Juzgado y en 1987 nos mudamos a este edificio”.
Lo que señala a su alrededor es “como su casa”. En la sala de partos transcurre gran parte de sus días. “Hace 38 años que estoy de guardia los 365 días del año, es una tarea que no da descanso”.
No le pesa su trabajo. “El primer parto que presencié era un bebé malformado, me impresionó muchísimo; y el primer parto que atendí fue maravilloso, de esos que atiende el bombero, en el que los bebés salen solos”.
A la par de sus rutinas en el Hospital, desde hace 33 años trabaja en la órbita privada. Recuerda cada uno de los hitos de su profesión. Entre ellos la inauguración del Instituto de Ginecología y Obstetricia. “Señalo mi agradecimiento eterno a los doctores Rego, Villalba, Neffen y las doctoras Lage, Giménez y Blanco, por la confianza y el respeto”, refiere y también cuenta las anécdotas de su trabajo en las clínicas. “Hace unos años que soy la única obstétrica que trabaja en las clínicas, así que el trabajo es constante.
“Mi agradecimiento también para los doctores Ramella, Buils, Lamberto, Romano y Calzone”, agrega y señala que desde hace un año ha conformado un equipo de trabajo con los doctores Marinelli, Bomarito (padre e hijo) Dorgambide, Villalba y Riande.
En el relato de su trayectoria refiere que comenzó trabajando en la Clínica Pergamino y en la Clínica Centro. “Ahora en la Clínica Centro atiendo con la doctora Meneghini y también con Diego Auil; con los doctores Howard, Bernarda y Adrover hemos hecho partos pero más esporádicamente.
“He tenido la fortuna de atender en tantos años alrededor de 25.000 partos”, señala con orgullo.
La misma esencia
Nada ha conseguido alterar en “Kuky” su esencia. “La profesión cambió mucho, creció y se jerarquizó”, señala y confiesa que a título personal sigue poniéndole a cada parto su esencia y su compromiso de “ayudar a la mujer a parir”.
“Lo hago cada vez con el mismo amor, con la misma paciencia y con el mismo entusiasmo del primer día, es una tarea muy reconfortante”.
En tantos años de profesión ha tenido la posibilidad de vivir diversas experiencias. Desde el parto vertical, hasta el parto sobre la pelota y un parto en cuclillas, todo lo vivió intensamente.
“Tuve la suerte de atender un parto en cuclillas, algo que ahora está muy de moda, pero que en el tiempo que me tocó no era común. Fue un día que si se hacían 40 partos mensuales en el Hospital, ese día se habían hecho doce, no paraban de llegar; recuerdo que la enfermera me avisa que había otra mamá, me acerco a la habitación, la mujer se levanta se pone en cuclillas, no me miraba, cuando levanta su rostro, era una coya, entendí que esa posición era la que ella había elegido para parir, así que puse mis manos y recibí a su bebé; fue una experiencia emocionante, creo que fue en 1981”.
Entre las asignaturas pendientes asegura que no asistió partos en el agua y tampoco partos domiciliarios. “Cuando lo propongo, nadie quiere”, señala con la sonrisa de quien siempre se muestra dispuesta a tomar nuevos desafíos.
“No hay una sola forma de parir, debe ser una elección de la mujer”, señala, respetuosa.
El vínculo que establece con las mujeres que atiende es intenso y muchas veces entrañables. “Con algunas que hacen el curso empezamos a trabajar en la semana 33 del embarazo, establecemos un vínculo precioso, para una mujer que va a parir la obstétrica es como una madre.
“En un momento fui la hermana, la amiga, cuando las edades eran parecidas, ahora soy como una madre, la mujer se toma de mi mano, depositan en mí toda la confianza y mi trabajo es ayudarlas a parir, hago el tacto, controlo la dinámica de las contracciones pero fundamentalmente las apoyo emocionalmente.
“En el trabajo de parto la embarazada necesita una mamá que la sostenga, que la apuntale y yo hago eso, además le saco fotos a sus mamás con los bebés y los neonatólogos siempre me felicitan por la calidad de esas fotos, creo que cuando no ejerza más la profesión me dedicaré a la fotografía”.
Esa forma de pensar y de concebir su profesión es el fruto de un esfuerzo sostenido y de la alianza establecida con el equipo de salud del que es parte. “Siempre me capacité, ahora estoy haciendo una maestría en Salud Materno Infantil en la Universidad Nacional de Córdoba”.
“Una madraza”
Gran parte del relato de vida de Felisa está investido por las marcas de su profesión. Tal vez porque sus rutinas cotidianas se sostienen sobre dos pilares fundamentales: el amor a sus hijos y la pasión por lo que hace.
“Tengo tres hijos, Melina, casada con Juan Bautista, con quien tuvo a sus hijos Francisco (8) y Nicolás (6) a los que ví nacer y quienes le dieron felicidad a mi vida; Esteban; y Gaela”.
“Melina se recibió de licenciada en Publicidad, profesora de Comunicación Social y tiene un posgrado en Marketing Internacional y Comercio Exterior.
“Esteban comenzó su carrera de abogacía, hizo tres años, pero luego decidió trabajar, es soltero.
“Gaela es médica y está haciendo su quinto año de residencia en Neurocirugía y también es soltera”, cuenta.
“Mis hijos son lo más maravilloso que tengo, desde que eran adolescentes los críe sola, ya que no fuimos la excepción de las estadísticas, ellos tienen un papá al que hace muchos años no ven, así que nos quedamos solos, fue muy difícil, pero logramos salir adelante con mucho esfuerzo y cada uno ha encontrado encaminarse en sus proyectos, actualmente viven en Buenos Aires, yo viajo para visitarlos, quieren que me vaya a vivir allá, pero yo tengo mi vida acá”.
Luego de su separación, sus hijos y su trabajo fueron el eje de su vida. “Nunca más quise sufrir ni un poquito”, confiesa y asegura que su vida cotidiana la llena el trabajo.
“También tengo amigas, viajo, me gusta salir y me gusta mucho mi trabajo al que le dedico mucho tiempo”.
En el plano de los proyectos, aspira a poder dedicar más tiempo a su tarea como coordinadora regional de Obstetricia, rol que tomó luego de haberse desempeñado durante mucho tiempo como referente hospitalaria para Unicef.
Todo lo demás que desea es seguir ayudando a nacer. “Me desvela que la mujer le pierda el temor al parto y me comprometo apuntalando a esa mujer, es una entrega de la que disfruto.
“Soy una mujer muy paciente, creo que soy la más paciente del mundo, se esperar y tengo capacidad para dar todo ese amor que necesita la embarazada y su niño”, agrega.
“Dicen que en esta vida todos tenemos una misión, creo que la mía es hacer lo que estoy haciendo, que Dios dijo: ‘Esta mujer tiene que ser obstétrica’ y yo lo descubrí a través de mi madrina”, confiesa y sobre el fin de la entrevista con una sonrisa dispuesta asegura que a diario experimenta la satisfacción de “hacer aquello para lo que Dios me eligió”.