miércoles 10 de junio de 2026

La inflación también golpea a los tambos argentinos

25 de febrero de 2014 - 00:00

DE LA REDACCION. En un informe preparado por los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Crea) se indica que en la segunda mitad de 2013 el costo de producción de leche se incrementó a una tasa del 2,8% mensual, principalmente por aumentos en alimentación y personal. Por su parte, el precio de venta del litro subió a una tasa del 1,5%, lo que repercutió negativamente en la rentabilidad de los tambos.

Posteriormente, la devaluación del peso siguió encareciendo los costos. Al menos el 60% de éstos está ligado a la variación del dólar -principalmente suplementación, agroquímicos y semillas- y los proveedores de esos productos ajustaron sus listas de precios en función de la nueva paridad.

Como ejemplo, en un modelo tambero de Santa Fe con alto nivel de suplementación  los costos totales de producción aumentaron 16,1%, comparando la situación de diciembre de 2013 versus enero de 2014. En el mismo lapso el precio de la leche aumentó como máximo 5,6%, según datos de las Cuencas Oeste y Santa Fe. En un modelo tambero con bajo nivel de suplementación de la misma provincia, el aumento de costos fue de 13,7%.

La situación financiera de los tamberos también se verá deteriorada por la elevada inflación de este año, a partir del plazo de 40-45 días que transcurren entre la entrega del producto y su cobro, lo que diezma su capital circulante. Como los insumos para alimentación, sanidad, etcétera hay que pagarlos al contado, se debe recurrir al crédito con una tasa de interés superior al 35% anual, muy por encima del ritmo de aumento del precio de la leche.

Lo descripto llevará a muchos tamberos a un círculo vicioso que comienza con la suspensión de las inversiones, para luego dejar de mantener las instalaciones.

 

Precios y valores

En diciembre de 2013 -último dato disponible- el precio de la leche en la Argentina fue 33 centavos de dólar por litro, por debajo de 39 centavos de Chile, 44 centavos de Uruguay, 46 centavos de EE.UU., 48 centavos de Brasil, 52 centavos de Nueva Zelanda y 54 centavos de la Unión Europea.

La devaluación de enero pasado deprimió aún más el precio de la leche cobrado por los productores argentinos, para ubicarse en 28-30 centavos de dólar por litro.

Mientras tanto, los precios internacionales de la leche en polvo en 2014 -del orden de los 5.000 dólares por tonelada- son de los más altos de la serie histórica, motorizados por la demanda de China y de otros países que crecen. Corresponde aclarar que la leche en polvo es un producto importante en las exportaciones argentinas.

En nuestro país, según un trabajo que realiza mensualmente el Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos, del precio que paga el consumidor de leche en la góndola, teniendo en cuenta el valor implícito del litro de los distintos productos, los productores reciben un 28,4%, la industria participa con un 25,7%, mientras que la cadena comercial retiene un 31,7%. El 14,2% restante corresponde a los impuestos al consumo. Esta distribución se ha mantenido bastante estable en los últimos dos años.

 

Efectos sociales negativos

La magra rentabilidad del tambo genera perjuicios más allá de los productores. La lechería es una actividad importante en la contratación de mano de obra en el país, en virtud de la cantidad de personas que trabajan en los tambos (personal fijo, profesionales, contratistas, transportistas, etcétera). Ocupa el tercer lugar en la generación de empleo entre las actividades agropecuarias, después de la soja y de la producción de carne.

Por otro lado, el aporte económico del tambo también es importante en diferentes provincias argentinas. Datos de un trabajo realizado en el Movimiento Crea muestran que por cada vaca lechera de la provincia de Santa Fe quedan aproximadamente 5.000 pesos en la comunidad cercana por el gasto que genera la actividad.

La potencialidad de crecimiento del sector es muy alta y podría contribuir a generar un ingreso considerable de divisas para el país. Para convertirla en realidad, hacen falta reglas que estimulen la inversión empresarial a largo plazo y un tratamiento de la comercialización que redunde en beneficios para toda la cadena: productores, industria, minoristas, Gobierno y consumidores.

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