Por Juan Pablo Corsi para la REDACCION de LA OPINION
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Mientras se intensifican los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto vuelve a poner en juego el equilibrio geopolítico de Medio Oriente.
Por Juan Pablo Corsi para la REDACCION de LA OPINION
En tiempos medievales, cuando el rey o soberano acababa de expirar, la corte y quienes rodeaban al cadáver regio, ya sea en la cama, o en el campo de batalla, exclamaban al unísono: “El Rey ha muerto, ¡viva el Rey”. Sin embargo, ¿Qué significa esa incongruencia? Más allá del divertido juego de palabras, significa continuidad. No importa quién ciña la corona. Importa que el reino esté de pie. Los años pasaron, el mundo se ha reconfigurado de diversas maneras, pero la tradición prevalece. Hoy, si ponemos la lupa sobre Irán, resulta imposible pensar que Alí Khamenei, Líder supremo y jefe de estado Iraní haya muerto bajo las bombas sobre Teherán y sea su hijo quien lo suceda, cuyo paradero y estado de salud, son dudosos. El jugador más fuerte de la región ha sido derrumbado en su propio castillo.
Desde 1979, occidente, más precisamente Estados Unidos, ha sido vehemente en confrontar al régimen islámico. En primer lugar por dos motivos estratégicos: la alianza inclaudicable con el estado de Israel y el control del tráfico de petróleo en la región; clave en el abastecimiento petrolero a nivel global, cuyos recursos, son en parte, el capital para financiar movimientos islamistas. Con respecto al primer punto, los ataques iniciados por las fuerzas conjuntas este 28 de febrero pasado, son una continuación de lo sucedido durante junio de 2025, cuando la fuerza aérea israelí incursionó en territorio iraní so pretexto de impedir el desarrollo de la industria armamentista nuclear del régimen chiita, como una parte integral de la guerra de Gaza que ha llevado a cabo el gobierno de Netanyahu a partir de los ataques terroristas de Hamas del 7 de octubre de 2023. En esta primera contienda, fueron destruidos varios complejos industriales y sobre todo fueron asesinados, científicos nucleares y miembros de la guardia revolucionaria. Esta guerra siempre contó con el visto bueno de la Casa Blanca, brindando apoyo político ante los cuestionamientos de otras potencias y los organismos internacionales con respecto al manejo de la crisis humanitaria posteriormente; y, a último momento, apoyo militar, ya que cabe destacar, que en junio de 2025, los EEUU, atacaron el centro de tecnología nuclear en Isfahán y centros de enriquecimiento de uranio.
En esta oportunidad, este apoyo es explícito. Vemos una acción directa para con Teherán, con dos argumentos indeclinables: Irán no ha cumplido con la no producción de armas de destrucción masiva y por otro lado, es la oportunidad política ideal por los problemas internos de legitimidad por consiguiente, las claras violaciones de los derechos humanos en la población iraní. Además cuenta con un claro apoyo de la diáspora disidente que anhela recuperar el país bajo una forma democrática en un gobierno de transición.
Al comienzo de este año, los pedidos del gobierno de Trump con respecto al cese de actividades en termas atómicas, el cese de apoyo a los grupos paramilitares de Hamas, (Palestina. Gaza); Hezbollah (Líbano ) y los hutíes (Yemen) , la limitación de las pruebas balísticas de misiles y el libre acceso a la instalaciones nucleares no declaradas por parte de técnicos de la OIEA (Organización Internacional de Energía atómica); cayeron en saco roto. Por tanto, el uso de la fuerza militar deja de ser disuasivo y se adentra directamente a lo que los analistas internacionales llaman el corazón de la inestabilidad política de la región. Es parte de la estrategia de Washington: pasar de la amenaza a la acción, confiando que el gobierno iraní no sólo ha perdido su capacidad de influencia en medio oriente, sino que los socios y potencias militares, hacen la vista gorda. Además, 47 años de conflicto permanente con los vecinos, te traen enemigos regionales que exceden al odio eterno a Israel: caso concreto Arabia Saudita, que se ha visto amenazada por las disputas religiosas (a grandes rasgos, hablamos de la tensa relación entre sunnitas y chiitas) y la hegemonía regional como gran proveedor de petróleo. Desde que se iniciaron las hostilidades, las fuerzas armadas americano-israelíes han atacado, bajo clara superioridad tecnológica, bases y objetivos militares que están causando graves pérdidas en las fuerzas armadas enemigas. En estos últimos días, se han registrado, cuantiosas pérdidas para el aparato militar iraní sobre todo un daño irreparable en la flota estacionada en el golfo pérsico. Según la armada norteamericana, se cuentan 19 navíos y un submarino.
En tanto, la respuesta iraní no tardó en llegar: fueron lanzados drones con explosivos y misiles hacia territorio israelí, y hacia la base de la quinta flota american en Manama (Bahrein) y lanzó misiles a Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, afectando aeropuertos, hoteles y refinerías de petróleo, Asimismo, golpearon bases británicas en Chipre, detectados por la fuerza aérea griega y misiles detenidos en territorio turco, bajo el programa de protección de la OTAN. Como podemos ver, muchos de los objetivos han sido destinados a socios árabes de los Estados Unidos en el golfo pérsico. No dejamos de mencionar, que esta chispa avivó el fuego de la eterna rivalidad hezbollah israel en Líbano, donde hace poco días comenzaron los lanzamientos de misiles desde el sur del país; que a pesar de sus buenas intenciones los esfuerzos de neutralizar internamente al movimiento islámico resultan en vano.
Hoy en día, el teatro de la guerra, pareciera ser el de arrebatar la perla de la logística del régimen: el control del estrecho de Ormuz, que conecta el golfo pérsico con el Golfo de Omán y desde allí al Mar Arábigo y Océano Índico. Más sencillo: la principal ruta de comercio de crudo y refinado en el mundo. Hablamos del treinta por ciento del comercio global. Irán prometió minarlo. Estados Unidos e Israel lo intentan impedir. Buques parados, comercio fraccionado y precios por los aires. Estados Unidos dice controlar la situación. Las potencias industriales piden a gritos la resolución pacífica del conflicto. Hay un proverbio persa que reza: “Para incendiar un bosque, se necesita la ayuda del viento”. ¿Podemos afirmar que esto puede parar en tiempo y forma? No olvidemos que para el verano europeo de 1914, las cancillerías del viejo continente hablaban del atentado de Sarajevo como una nueva guerra balcánica. Algo insignificante a nivel global… Veremos hasta donde llega la cuerda. Y si es o no voluntad de Trump y Netanyahu quien determine el fin de las hostilidades. Pareciera que quieren ir hasta el final. Dicen que los números los acompañan, aunque por otro lado el tiempo es clave: quién ataca de esa manera piensa que el régimen caería como castillo de arena. A Khamenei lo sucede su hijo, quien dicen que ha muerto en los ataques; en un régimen que vive la peor crisis de su historia, mientras tanto el príncipe heredero Reza, incentiva en el exilio su retorno, dispuesto a dar la vida por Irán. Un Irán moderno y democrático, con la ayuda de los enemigos más odiados de la región. A mi criterio, la suerte está echada. Si a pesar de esto, la República islámica controla al país, quizá haya muerto el rey, pero el reino vive.