Raúl Gorbalán: el recuerdo de una vida abocada al trabajo metalúrgico
Durante años trabajó en la industria en tiempos de esplendor de una actividad que desempeñó con dedicación. Sueña con seguir teniendo salud para disfrutar con autonomía.
21 de junio de 2026 - 07:18
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Raúl Gorbalán, una historia de trabajo y anécdotas.
LA OPINION
Raúl Eduardo Gorbalán es uno de esos vecinos de Pergamino que han escrito su historia en el andar de una vida sencilla, sin pretensiones de arrogancia, sabiendo que el trabajo era la llave que le iba a abrir todas las puertas.
Hoy, con 75 años, cuenta su historia en la intimidad de una charla que se desarrolla en el espacio ciudadano de un bar, ese al que concurre todas las mañanas y todas las tardes en busca de un café y fundamentalmente de encuentro con viejos conocidos y amigos. Ya retirado hace bastante de la actividad laboral, es de esa manera que transita su presente, conectado con la actualidad y sus vicisitudes.
Cuenta que nació en el barrio Acevedo y vivió siempre en la misma casa, en Roque Sáenz Peña y Maipú, donde aún vive. “Fallecieron mis padres y yo sigo viviendo en esa casa”, señala. Fue hijo único del matrimonio de Raúl y Blanca Luz. “El era empleado ferroviario del Ferrocarril Bartolomé Mitre, falleció muy joven, a los 66 años; y mi mamá era ama de casa y vivió hasta los 90 años”.
“Hice hasta sexto grado en la Escuela N°4 y hasta tercer año en el Colegio Nacional”, precisa. “No tuve hermanos, así que mi infancia la viví con los amigos del barrio y los compañeros de la escuela”, menciona y recrea recuerdos de juegos, travesuras y vivencias entrañables.
“Hoy el barrio está más conectado porque han construido el viaducto, pero la zona en la que vivo sigue siendo un lugar muy tranquilo, por momentos diría que hasta con poco movimiento porque la gente ya no se relaciona como antes en torno a la vecindad ni a la calle. Como que cada persona está en su casa”, acota.
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21-06-2026 08:45
Embed - Diario LA OPINION on Instagram: "Durante décadas formó parte de una industria que vivió épocas de esplendor. Aprendió el oficio, creció con él y construyó su camino convencido de que el trabajo era la herramienta capaz de abrir todas las puertas. Hoy, a los 75 años y ya jubilado, Raúl Eduardo Gorbalán mira hacia atrás con orgullo y rescata las experiencias que marcaron su historia. También reflexiona sobre los desafíos de esta nueva etapa, con un deseo tan simple como valioso: conservar la salud y la autonomía para seguir disfrutando de la vida. Sus días transcurren entre cafés, charlas y encuentros con amigos de toda la vida en uno de los bares de Pergamino, un espacio que se transformó en punto de reunión y conexión con la actualidad. En una nueva edición de Perfil Pergaminense, comparte recuerdos, aprendizajes y vivencias de una vida sencilla, construida con esfuerzo, perseverancia y valores que siguen vigentes. Leé la entrevista completa en www.laopinionline.ar #PerfilPergaminense #pergamino"
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Trabajar desde chico
A Raúl le tocó salir a trabajar desde joven. Cuando dejó sus estudios secundarios se incorporó a la empresa de transporte Plus Ultra, dedicada al reparto de mercadería. “Comencé haciendo changas, era una época que había mucho trabajo y dinero. Yo trabajaba por jornal, cumplía 8 horas, finalizaba el día y me las pagaban. Trabajaba de martes a sábado repartiendo mercadería en Pergamino”, describe.
A los 22, años, en 1973 ingresó a la empresa metalúrgica Ropaco, de Pagotto. “Ahí estuve hasta que me jubilé. Ahí aprendí muchas cosas porque me iban pasando en distintos sectores, como armado, pintura. Tuve la suerte de ser metalúrgico en la época de esplendor de esa actividad, aunque también, con los cambios del país, hubo momentos de crisis”, refiere. Y cuenta que “la empresa llegó a tener más de cien empleados, yo fui el último en jubilarme”.
“Cuando yo me fui, las cosas en la industria ya habían cambiado, seis meses después la fábrica se cerró. Había fallecido el dueño y había quedado en manos de otra persona, que no pudo manejarla”, señala. “Fue triste cuando bajaron las persianas, y hoy en día hay quince o dieciséis empleados que aún están en juicio”.
Vida de jubilado
Al jubilarse, ya no tuvo actividad laboral. “Empecé a hacer vida de jubilado, ya había trabajado suficiente”, expresa y reconoce que, aunque lo que percibe muchas veces no resulta suficiente, se administra para poder vivir sin sobresaltos.
“Hace poco me ofrecieron trabajar en una cochera, pero rechacé la propuesta porque ya no tengo edad para estar hasta la madrugada”, menciona y reconoce que “vive tranquilo”.
“No me gusta hablar de política, entiendo que cada uno tiene su ideología, pero mido lo que pasa en el país con el bolsillo de un jubilado, y realmente cada vez nos alcanza menos. En lo personal, me cuesta porque tengo que tomar varios remedios, algunas veces la farmacia se lleva buena parte de los ingresos”, reconoce, en una apreciación que muestra un sentir compartido con otros. “Acá a varios nos pasa lo mismo, yo me muevo entre gente mayor que está en la misma”, agrega.
“Yo viví una época linda en tiempos que había mucho trabajo y uno tenía la posibilidad de cambiar continuamente. Estoy hablando del año 1968, había mucho trabajo y alcanzaba el dinero”, acota con cierta cuota de nostalgia.
Su familia
Desde hace muchos años Raúl está divorciado y es papá de un hijo, Damián Edgardo, de 47 años que vive en Hughes, está casado con Vanesa y tengo una nieta del corazón que ya es adolescente. “Mi hijo es enfermero y hace un tiempo con su esposa se hicieron cargo de una niña pequeña que había sido abandonada por su familia, así que ellos se encargan de su cuidado, porque la chiquita tiene un problema cerebral y requiere de mucha atención”, cuenta destacando el corazón noble de su hijo con quien, a pesar de la separación temprana, siempre tuvo una relación muy estrecha. “Su mamá y yo no estuvimos casados mucho tiempo. Ella era de Hughes, vivíamos en Pergamino, pero cuando nos separamos ella regresó a su ciudad, con nuestro hijo. Así que yo viajaba los fines de semana para verlo. Hoy él sigue viviendo allá, y viaja a verme a mi muy seguido”, relata señalando que con su exesposa- ya fallecida- siempre tuvo una muy buena relación.
“Sinceramente en la vida no he tenido enemigos, creo que tengo buen carácter, soy una persona tranquila, hay pocas cosas que me enojan”, define.
Su rutina cotidiana
Raúl vive su presente consciente de lo que significa el paso del tiempo y trata de conectarse con aquello que le genera bienestar. “Vengo al café, veo a los amigos, converso un rato y los domingos voy a escuchar algo de música al centro de jubilados”, menciona.
Y reconoce que últimamente asiste menos, porque esta era una rutina que compartía con Daniel Friguglietti, su amigo de toda la vida, que falleció hace muy poco tiempo. “Fue una pérdida durísima para mí, me tuvo muy triste. Fue un amigo de la infancia y de toda la vida con el que compartíamos muchas cosas y pasábamos mucho tiempo juntos. No solo íbamos al centro de jubilados, sino que viajábamos y siempre estábamos charlando de algo”.
Asume que el paso del tiempo conlleva pérdidas inevitables. El perdió a sus padres, comienzan a irse los amigos y por alguna razón, tal vez elegida, vive solo. “Me llevo bien con la soledad, me acostumbré a ella, aunque reconozco que es triste estar solo, pero si uno no encuentra una buena relación, es preferible estar solo”, refiere y admite: “Durante mucho
A lo largo de la vida, su principal tarea ha sido trabajar. “Nunca me dediqué a otra cosa, me gusta el deporte, pero no para practicarlo, solo hice yoga en alguna época, soy hincha de River, pero no sigo mucho los partidos”.
“Antes andaba en moto, pero después la dejé porque el cardiólogo me dijo que tenía que caminar y andar en bicicleta, así que hice algo de caso, aunque ahora ando menos porque tengo un problema en la columna, me cuido bastante”, señala.
Aunque tiene buena salud, con el paso de los años ha adoptado algunas rutinas “saludables” para sentirse mejor: “No cocino mucho, mi madre nunca me inculcó a que aprendiera a cocinar, cocinaba ella. Así que mucho no se hacer, pero para lo básico me defiendo, un churrasco, un puré. Y cuando no quiero cocinar, como estoy solo, me compro algo de comida hecha”, describe. E insiste que su principal distracción es la cita obligada en el café al que concurre, en la estación Puma que está ubicada en la esquina de Avenida de Mayo y Merced. “Vengo a la mañana y a la tarde, charlo un rato, me distraigo, y regreso a mi casa”.
Un hombre agradecido
Cuando la charla promedia, vuelve sobre el recuerdo de sus padres. Refiere que su papá falleció a causa de una enfermedad en los riñones que por mucho tiempo no supo que tenía. “El no iba al médico porque era un hombre de fe evangelista que creía que ante cualquier dolencia Dios lo iba a curar, así que cuando se sentía mal, iba a la farmacia, el farmacéutico le indicaba tomar alguna medicación, pero su enfermedad progresaba. Un día se descompuso en la calle, estuvo internado en el Hospital y falleció, cuando yo tenía 29 años. Mi madre tuvo una muerte mala, estaba bien de salud, pero se cayó en mi casa mientras yo estaba trabajando, pasó varias horas sin poder levantarse, y a raíz de los golpes que había sufrido en su cabeza, no logró recuperarse. Tenía 90 años, pero fue durísimo para mí perderla. Caí en una depresión importante cuando eso ocurrió”, relata, conmovido.
A ambos les agradece la vida que le dieron, los valores que le inculcaron y la sencillez con la que vivieron y le enseñaron a vivir. “Realmente soy un agradecido, tuve buenos padres, y pude tener una buena vida gracias al trabajo”, recalca, con gratitud. Y cuando lo expresa, sus ojos de un color celeste intenso sobran otra intensidad, como si en ese hacer un recorrido por su historia de vida, se encontrara con logros, con ganancias y con pérdidas, esas que han configurado su biografía y lo definen en su presente como un hombre simple, que no espera más de la vida, que aquello que ésta, pueda brindarle. “No me he puesto a pensar demasiado en la vejez, dejo que vaya llegando y me trate bien”.