José Luis Felpeto: un canillita de alma que honra con pasión su oficio
Disfruta de su tarea todos los días y supo adaptarse a cambios que fue proponiendo a su actividad el paso del tiempo. Su historia es testimonio de constancia.
10 de agosto de 2025 - 07:18
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José Luis Felpeto, en su parada de diarios, recibió a LA OPINION.
LA OPINION
José Luis Felpeto transcurre sus mañanas en su parada de diarios emplazada en avenida Yrigoyen y Lorenzo Moreno. Antes, realiza el reparto en su moto. Hace muchos años eligió ser “canillita” y honra esa tarea con disfrute.
Hace una pausa en sus actividades para recibir a LA OPINION y se dispone a un diálogo que fluye con naturalidad y se interrumpe solo con la llegada de algún cliente. Con cada uno tiene una confianza que se ganó con el paso del tiempo.
En el comienzo cuenta que nació en Pergamino, hace 63 años. “Cuando nací vivíamos en el barrio Trocha y después nos mudamos al barrio Acevedo”. Su núcleo familiar estaba conformado por su mamá Magdalena y su papá, Ramón. “Mi viejo tenía un parque de diversiones, así que eran un poco nómades, porque vivían donde se instalaba el parque. De hecho, de chiquito yo andaba con ellos para todos lados. Después, ya se establecieron, mi papá vendió el parque de diversiones, y nos quedamos en Pergamino. Ellos construyeron su casa en el barrio Acevedo, donde pasé toda mi vida”, relata.
Habla con orgullo de sus padres. “Mi mamá fue la primera oradora por el voto de la mujer designada por Evita, en el año 1947, era una mujer de mucha convicción que trabajaba en la Fábrica Annan de en ese tiempo. Mi padre había llegado de España en 1945 siendo viudo, comenzó con el parque de diversiones y eso lo trajo a Pergamino. Acá se conocieron. Me tuvieron siendo grandes, él tenía 50 años y ella, 39”. “Ambos ya están fallecidos, pero los disfruté, mi mamá falleció en 2014 a los 92 años y mi papá en 1996 a los 83 años”, agrega.
Su trayectoria escolar
Cuenta que fue a la Escuela N° 8 y luego al Colegio Industrial. También comenta que es profesor de dibujo, aunque nunca ejerció. “Lo del dibujo fue un gusto que le di a mi mamá. Como a mí no me gustaba ir al jardín de infantes, me dio a elegir entre piano y dibujo. A los 12 años me recibí de profesor de dibujo”, relata. Y bromea: “Yo era el que le regalaba un cuadro a cada prima que se casaba y mi mamá se ahorraba el regalo”.
“Cuando terminé de estudiar en el Industrial, donde me recibí de técnico mecánico y electricista, el 1° de enero de 1980 ingresé a trabajar en la estación de servicio de Crivelli y estuve allí hasta el año 1994”, precisa, contando que fue cajero y despachante de combustible.
A José Luis siempre le gustó leer y era curioso de los diarios y revistas. Había en él una vocación y cuando tuvo la posibilidad de elegir su camino laboral, agradecido por todo lo que le había dado la estación de servicio, alquiló la parada de diarios de la Plaza de Ejercicios y dio sus primeros pasos como canillita.
“Gracias a Dios tuve la suerte de poder elegir lo que quería hacer, yo quería ser canillita”, afirma y recuerda que a don Rogelio, dueño de la parada, se la alquiló durante quince años- “Desde el primer día tuvimos un acuerdo de palabra, jamás firmamos un contrato y nos respetamos siempre”.
Reconoce que lo que le atrajo del oficio fue su pasión por la lectura. “Me gustaba la idea de estar entre diarios y revistas, además tomé la decisión de dedicarme de lleno a este oficio en una época de esplendor, cuando se vendía muy bien”.
Cuando surgió la posibilidad de comprar su propia parada, no lo dudó. “Cuando compré acá, ya me establecí, y de la plaza me vine para acá, desde hace dieciséis años”.
Su presente
Su jornada arranca a las 5 de la mañana, cuando va a buscar los diarios. “Me siento muy agradecido tanto a Claudio, de LA OPINION como a los chicos de la distribuidora, Alejandro y Germán, que siempre me atienden muy bien”, recalca.
“Lo primero que hago cada día es el reparto que en verdad hoy no lleva tanto tiempo. Nuestra actividad ha cambiado mucho y la gente ya no compra tanto los diarios. Recuerdo que yo llegué a tener dos empleados, uno para repartir y otro en la parada. Era la época en que todavía nos parábamos en la avenida y la gente te sacaba los diarios de las manos”, describe.
La pausa diaria
Cuando finaliza el reparto, hace una pausa para desayunar en la estación de servicio Shell. “Es un ritual de cada mañana que me encanta, es como estar en familia, me encuentro con otros comerciantes y con gente conocida, es un lindo momento”, destaca, insistiendo en que en el presente su actividad le deja “más tiempo libre” porque “bajó bastante la venta de diarios y revistas”. “Hoy se venden mayormente los fines de semana. Los domingos llego a vender hasta 200 diarios”, abunda.
Saber reconvertirse
Supo reconvertir su actividad. “Hoy, en la parada se venden otros productos, además de diarios y revistas. Hay colecciones, productos de cocina y hasta algunos juguetes”, precisa y remarca que, acompañando el cambio de hábitos y costumbres de lectura, su clientela siempre ha sido fiel. “Tengo una clientela fiel y muy buena”.
“Mucha gente me conoce de la estación o del fútbol. En este negocio, la competencia no es por lo que vendemos, sino por el servicio y en ese sentido la confianza con los clientes juega un papel fundamental”, resalta, manifestando su gratitud hacia esa innumerable cantidad de familias que confían en él y en su labor.
“Hoy se vende por whatsapp, la gente te encarga lo que necesita y te paga por transferencia. Se ha perdido un poco el contacto cara a cara, pero no ha cambiado el vínculo de confianza con los clientes. Al contrario, se ha profundizado”, rescata.
“Tengo clientes a los que conozco desde hace muchos años. A varios de ellos les mando la cuenta una vez al mes a través del teléfono y ellos me pagan sin pasar por el kiosco. Cambió mucho nuestra actividad y sigue siendo muy hermosa”, afirma.
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10-08-2025 09:23
Embed - Diario LA OPINION on Instagram: "Con 63 años, José Luis Felpeto vive sus mañanas entre diarios, revistas y clientes que se convirtieron en amigos. Desde hace más de tres décadas es canillita, oficio que eligió por pasión y que supo adaptar a los cambios de los tiempos. Arranca su día a las 5 AM, reparte en moto y luego atiende su parada en Yrigoyen y Lorenzo Moreno. Entre charlas, anécdotas y café en la Shell, disfruta de un trabajo que considera un regalo de la vida. “No lo hago por el dinero, lo hago por cariño a este oficio que me dio tanto”. Lee la nota completa en www.laopinionline.ar #Pergamino #HistoriasLocales #Canillita #Oficio #JoséLuisFelpeto #Diarios #Revistas #Amistad #TrabajoConPasión"
José Luis siempre estuvo cerca del deporte. Jugó al fútbol en las categorías inferiores en el Club Tráficos y a los 15 años debutó en primera. Recuerda ese tiempo y conserva vínculos de amistad desde entonces. “Yo jugaba en Tráfico's, pero como mi mamá era hincha de Compañía y estaba atravesando una situación difícil de salud, yo le prometí que iba a jugar en su club y eso hice. Ella me vio jugar con la camiseta de Compañía”, cuenta este hombre que en hincha fanático de Independiente.
“Igualmente mi corazón siempre estuvo cerca de Tráficos, que fue como mi casa, y colaboro con la entidad cada vez que puedo”, aclara.
Su vida personal
Aunque tuvo pareja de convivencia, actualmente vive solo. “Ante la ley soy soltero, porque nunca me casé”, refiere y reconoce: “Me gusta la soledad, soy un ‘lobo solitario’”. En el plano de sus afectos, tiene dos ahijadas a las que define como “la luz de sus ojos”. “Ellas son gemelas, Mariana y Johana, y cumplen 36 años. Las quiero con el alma”.
“También tengo a mis hijastros Rodrigo, Nicolás y Lautaro, hijos de mi expareja, con los que mantengo una hermosa relación. Cuando andan por acá me visitan”, comenta. Asegura que no le pesa la soledad, siempre está rodeado de amigos verdaderos. “El futbol me dejó muchos amigos, mi trabajo en la estación también”, refiere.
Cuando no está trabajando le gusta dedicarse a su casa, vive en el barrio Jorge Newbery. “Siempre estoy haciendo algo”, señala y reconoce que le gusta seguir aprendiendo cosas.
Una experiencia de encuentro
Promediando la charla, cuando comenta que otra cosa que le gusta hacer es viajar, cuenta una experiencia que le resultó muy gratificante: en el año 1982 tuvo la posibilidad de viajar a España donde conoció a su media hermana, Necane. “Fue algo muy emocionante porque hasta ese momento solo habíamos intercambiado fotos y cartas”.
“Nos conocimos de grandes, ella me llevaba más de 30 años. Lamentablemente ya falleció, pero me quedaron sobrinos con los que estoy en contacto”, señala. Y relata: “Al enviudar, mi papá la había traído con él, pero ella se enamoró de un madrileño y regresó a España, donde vivió siempre”,
En ese viaje tuvo además la posibilidad de presenciar el mundial de fútbol. “Fue increíble, yo trabajaba en la estación de servicio y me dieron permiso para tomarme más días que los que tenía de vacaciones. Fue un viaje inolvidable en todo sentido”, remarca. Luego, regresó a España una vez más en 1990. “Ahí pusimos todas nuestras cosas en orden con mi hermana. Lo que había en España le pertenecía, como a mí me pertenecía lo que mi padre había construido aquí”, cuenta.
Un ser agradecido
Se define a sí mismo como una persona agradecida a la vida. Sociable, buen amigo, valora el contacto con sus seres queridos y se nuclea con lo bueno. “Tengo una peña, nos juntamos los domingos acá en la parada y vamos a almorzar a algún lado”, menciona y reconoce que muchos de sus amigos son clientes.
“Este trabajo me ha dado muchas cosas lindas y las valoro”, recalca. Y en su decir lo que aparece de fondo es el bullicio de la calle y sus dinámicas. Repara en el ir y venir de los autos, en el paso de los vecinos que salen a hacer las compras. El sol le ilumina la mirada. Sentado en su puesto de diarios, en retrospectiva mira su vida. “Toda mi vida trabajé al aire libre y no lo cambio por nada. Soy muy feliz viniendo a trabajar y me gusta lo que hago, no lo hago por el dinero que gano, lo hago por cariño a este oficio que me ha dado tanto”, concluye, gratificado.