domingo 08 de febrero de 2026

Hugo Saez: un abogado multifacético con 55 años de ejercicio de la profesión

Descubrió su vocación tempranamente y la desplegó en distintos ámbitos. En paralelo realizó otras actividades, impulsado por el interés de cumplir sueños.

8 de febrero de 2026 - 07:18

Hugo Leopoldo Saez nació en Pergamino el 7 de octubre de 1947 y creció en el corazón del barrio Acevedo, en Pico y San Lorenzo, esquina icónica por la existencia de un buzón de correos que transformaba irremediablemente aquella intersección en un lugar de referencia: “Era la esquina del buzón”, cuenta en el inicio de la entrevista que transcurre en el estudio jurídico en el que trabaja junto a su hijo Víctor.

Ambos ejercen el derecho en otra esquina de la ciudad, en Francia y Fernando Bello. “Hace varios años que trabajamos juntos, compartiendo la pasión de ejercer esta hermosa profesión. En este momento, es Víctor quien está al frente del estudio. Yo me he quedado colaborando en algunos temas, dando una mano en todo lo que puedo”, confía en el fluir de una charla rica en recuerdos y fuertemente anclada en la historia propia y de la ciudad.

Hijo de descendientes de españoles e italianos, nutrido de esas raíces, constituyó su identidad, respetuosa de los valores del trabajo y el buen obrar. “Mi papá Leopoldo fue ferroviario y más tarde comerciante. Mi mamá, Filomena, ama de casa y encargada del Hogar del Repostero, el primer negocio de repostería que hubo en Pergamino”.

Live Blog Post
Embed - Diario LA OPINION on Instagram: "Nacido en Pergamino en 1947, Hugo Leopoldo Sáez construyó una vida marcada por la vocación temprana, el esfuerzo y la determinación. Abogado desde 1970, ejerció la profesión durante décadas, formó su propio estudio y hoy continúa vinculado al derecho junto a su hijo Víctor, en una historia atravesada por el compromiso y el amor por el trabajo. Criado en el barrio Acevedo, fue deportista, dirigente de Douglas Haig, docente, agricultor, funcionario judicial y hasta piloto de automovilismo. Siempre inquieto, supo reinventarse y animarse a nuevos desafíos, sin perder nunca el vínculo con su ciudad ni con su familia, pilar fundamental de su vida. A los 78 años, su recorrido es testimonio de una forma de vivir: soñar, intentar y seguir adelante, con la convicción de que los sueños valen la pena cuando se persiguen con pasión. Leé la nota completa en www.laopinionline.ar"
View this post on Instagram

La infancia y su adolescencia

Al evocar su infancia, afirma: “Crecí junto a mi hermano Mario, fallecido hace unos años, y en mi adolescencia con mi hermano Walter al que le llevo catorce años. Como todos los chicos del barrio hice la primaria en la Escuela N° 4, que se llamaba ‘Bartolomé Mitre’”.

“Cercano a los 12años comencé a jugar al básquet en el Club Ameghino en la que se denominaba categoría ‘cebollitas’, pero la experiencia duró poco, ya que a la vuelta de una práctica embarrado y con la ropa sucia, no me dejaron ir más. Mi mamá, que había quedado huérfana al nacer y había sido criada por una madrastra de las de antes, era muy presente, pero también estricta”, abunda.

“Más tarde jugué al básquet en Comunicaciones y al fútbol en la quinta división del Club Douglas Haig como arquero. En el tiempo libre los chicos del barrio nos juntábamos a jugar a la pelota en el campito de “los Ezcurra” (pegado a la casa de Miguel y Quito Ezcurra) sobre la calle Pico entre Salta y Paraguay, donde se armaban interminables partidos de futbol, y se reforzaban lazos de amistad que permanecerían para siempre en mi memoria”.

Adentrándose en las vivencias de su adolescencia, recuerda lo que por entonces marcaba un hito en la vida de los varones: “Estando en sexto grado y próximo al inicio del secundario, llegó el momento de cambiar los pantalones cortos por los largos, signo de paso de la infancia a la adolescencia, marcando un hito inolvidable en los varones de aquella época en la que el jeans no existía.”

De su paso por el Colegio Nacional rescata la calidad de una educación de “excelencia” y el estrechamiento de vínculos de amistad entrañables. “Soy de la promoción 1965, teníamos un grupo hermoso, y profesores brillantes de los que aprendí mucho”, resalta.

“Me gustaba estudiar, y también comenzar a ganar mi propio dinero, así que, siendo muy joven, cuando mi papá dejó el ferrocarril e incursionó en la actividad comercial como mayorista de productos de panadería y confitería, lo acompañé. Eso me permitió realizar corretajes para empresas como Lheritier, Chocolate Bariloche, y la venta de galletitas por mayor”, cuenta.

Una vocación definida

Desde siempre supo que quería ser abogado. En 1966, de manera libre, comenzó sus estudios de Derecho. “Al año siguiente hice el servicio militar anticipado en la Policía Federal, y en marzo de 1968, me instalé en la ciudad de Santa Fe para continuar mi carrera, conviviendo en aquella ciudad con mis amigos Daniel Naboni, Oscar Parra y Hugo Linares”.

Tres años más tarde, en diciembre de 1970 obtuvo su título de abogado, y comenzó a ejercer en marzo de 1971. “Sin haber hecho ninguna pasantía ni experiencia previa, abrí las puertas de mi propio estudio en San Nicolás al 200. En ese momento en Pergamino había solo 25 abogados, Juzgado de Paz y dependíamos del Departamento Judicial de San Nicolás porque aún no se había creado el Departamento Judicial de Pergamino”.

Impulsado por su determinación de crecer, confiesa que esperaba los lunes para ver si venía un cliente nuevo. “Al poco tiempo contraté una secretaria que sabía muchísimo, y comencé a viajar a Arrecifes. Fui abogado de la Cámara de Comercio y tuve varios clientes allí. A la par de ello, me desempeñe como docente en el colegio secundario de Rancagua, donde concurrían muchos alumnos de Pergamino con quien no tenía mucha diferencia de edad y solía encontrarlos en la noche pergaminense”.

Una época inolvidable

Su juventud transcurrió en una época dorada de la noche de Pergamino. “La vida social estaba marcada por las confiterías bailables. Éramos asiduos concurrentes a las recién inauguradas a Fedra y Fenicia”.

“El segundo cruce era un lugar espectacular. Allí estaba ‘Saloom’, un bar temático con cuyo dueño, ‘Coca’ Bienzobas, aun mantengo una entrañable amistad. Algunas noches se armaban picadas en las rutas que también se utilizaron para correr el turismo de carretera.”

“Tampoco me olvido de Bowling y “Corcho´s”, donde concurría a diario. “Ahí se conformó ‘la Peña de Corcho´s’, un grupo muy grande al que integramos incluso a nuestras parejas”, añade y recuerda los memorables partidos de fútbol coordinados por “el profe” Cittadini en el recién fundado Club Lucini.

El automovilismo, una aventura

Luego de recibirse, algunos amigos lo entusiasmaron para correr en Turismo Nacional con una cupe Fiat que había comprado para uso personal. “Surgió la posibilidad de comprarle al equipo Fiat una cupé listo para largar, así que vendí la mía y con la misma plata compré esa unidad y nos largamos a correr el Gran Premio de TN clase C de 1973 acompañado por Oscar Pereyra”.

“En los años siguientes, ya con la nueva cupe Fiat 125, participé en otros grandes premios y autódromos en un equipo de Buenos Aires, siendo acompañado en el GP de 1974 por Hugo Gangeme. Después se terminó la plata y se terminó para mí el automovilismo”, agrega.

El universo personal

Corriendo el año 1976, ya se había puesto de novio con quien es su esposa, María del Rosario Colard. “Nos casamos en abril de 1981 y llevamos casi 50 años juntos”. “Formamos una gran familia en la que tuvimos tres hijos, Hernán (43) que vive en Buenos Aires, y trabaja en desarrollos informáticos. Víctor (41), abogado; y Mariana (39), médica Emergentóloga y dueña de Estética Pergamino. Además, tenemos dos nietos hermosos: Bautista (11) y Francesca (9)”.

Habla con alegría de sus nietos: “Son la continuidad de uno mismo, un chiche de la vejez”. También, con profundo orgullo de sus hijos: “Son buenas personas y todos han trazado su propio camino”.

“Me siento orgulloso de ellos y me honra que ellos puedan sentir lo mismo como hijos. Que estén orgullosos de sus padres, creo que ese es el mejor legado”, sostiene.

La dirigencia deportiva

Siempre inquieto y dispuesto a tomar desafíos, en 1979, junto al ‘Piojo’ Iriarte, el ‘Gringo’ Dinardo, Orlando Altube y otros amigos que se incorporaron luego, como Carlos Scallia, Juan Carlos Fernández, el ‘Chav’i Disanto y el ‘Loro’ Dinardo, formamos la subcomisión de Fútbol de Douglas Haig. “Fue iniciar aquella locura de un Douglas profesional y dar los pasos necesarios para alcanzar el ansiado ascenso al Nacional B en 1986”, menciona y recuerda que en el marco de aquella subcomisión pudieron construir la platea grande y llevar adelante muchos proyectos.

Aunque en el presente está desvinculado de la actividad dirigencial, con algunos amigos de ese grupo se siguen reuniendo para recordar aquella época gloriosa de su querido Douglas Haig.

La agricultura, una experiencia

En una época y durante varios años, se dedicó a la agricultura. “Era algo completamente desconocido para mí, realmente una aventura, y con el paso del tiempo confirmé que no era lo mío, pero mientras me dediqué lo hice con mucha dedicación y vocación de aprender”.

“Empecé alquilando algunas parcelas de campo en la zona y llegué a trabajar con equipos propios en el sur de la provincia de Córdoba. Esa experiencia duró varios años, hice cursos, pregunté, aprendí de técnicas de manejo y adopté tecnología. Me dediqué hasta que una época de sequía me despidió para siempre de esa actividad”, relata.

El derecho del otro lado del mostrador

Casi llegando el año 2000, mientras concursaba en el Consejo de la Magistratura para ingresar al Fuero Penal del Poder Judicial, fue designado miembro del Tribunal de Juzgamiento Disciplinario del Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia (Tribunal de Ética) razón por la cual se mudó con su familia a La Plata. Allí residió durante 20 años integrando un tribunal abocado al juzgamiento de policías. Viviendo en la capital provincial, cultivó amistades que conserva, y se sumó a un grupo de hinchas de Estudiantes de La Plata. “Yo me agrandaba por haber sido amigo de Juan Echecopar”, señala.

“Cuando se cambió aquel sistema de juzgamiento y se disolvió el Tribunal, continué con el ejercicio profesional en La Plata, hasta que, cuando estábamos por ser abuelos, con mi esposa decidimos regresar a Pergamino”, señala y agrega: “Aquí retomé la actividad privada en el estudio junto a Víctor, quien tiene más de diez años de ejercicio, complementándonos eficazmente.”

Un gran emprendedor

Hugo refiere que nunca deja de intentar nuevas metas. “Hace varios años comencé a estudiar música y a tocar el saxofón, no me resultó fácil, pero me gusta mucho”. En lo social, se siente halagado por integrar la tradicional “Peña El Ratón Amazónico”: “Me incorporó mi hermano Walter y en las reuniones de los jueves, sus miembros me han hecho sentir uno más, a pesar de que todos son más jóvenes que yo”.

Con 78 años, posee una personalidad emprendedora que le ha permitido ser multifacético y un luchador. “No sé si he logrado todo lo que me propuse, pero todo lo que hice lo intenté con entusiasmo, con el apoyo de mi esposa, que es una mujer increíble, y con el acompañamiento de los chicos”, resalta, agradecido.

“Un viejo amigo me tildaba de soñador, como una especie de máquina del tren que necesita de alguien que empuje, pero que siempre va para adelante”, dice sobre el final, en una apreciación que lo define.

“Esa forma de ser me ha permitido hacer mía aquella frase que alguna vez escribió Calderón de la Barca y a la que siempre acudo: ‘Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son’, pero siempre hay que intentar hacerlos realidad. Y eso he hecho”, concluye.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Te Puede Interesar