domingo 18 de enero de 2026

Freddy Comitté: el arte de crear y hacer música desde lejos, volviendo siempre a la raíz

Músico, compositor y cantante, nació en Pergamino y construyó una extensa carrera en Tijuana, Monterrey y Ciudad de México, donde compone e interpreta.

18 de enero de 2026 - 07:18

Alfredo Eduardo Comitté es músico. Nació en Pergamino, en el seno de una familia en la que la música ocupaba un lugar preponderante. Su papá fue el inolvidable maestro “Tito” Comitté. Hace muchos años no vive en el país, sin embargo, cada vez que regresa a la ciudad y vuelve a recorrer estas calles, siente que sigue siendo ese lugar propio. Todos lo conocen como “Freddy”. Acepta dialogar con LA OPINION en la intimidad de una charla que se desarrolla en la cotidianeidad de un bar, con el murmullo de la gente, lo que le confiere a la conversación ese marco de pertenencia cercano.

Cuenta que creció en Alberti y Dorrego, donde vivía con sus padres “Tito” e Irma Margarita, y sus hermanos: “Tati” y Daniel. Fue a la Escuela N° 2 y más tarde al Colegio Comercial. El Club Comunicaciones fue como su segunda casa. Tanto como la música, el básquet era parte de su familia. Jugó desde chico, su papá estaba “metido en ese mundo” y su tío, Carlos Comitté era un gran jugador. “Todos jugaban o dirigían, ese deporte marcó mucho mi vida y la de mi familia”, expresa.

Tuve una infancia y adolescencia hermosa, en un Pergamino distinto: “Era una ciudad tranquila, en la que nos conocíamos casi todos. Una ciudad llena de amistades. Mis días transcurrían entre la escuela, el club y la calle donde jugábamos a la pelota o a las carreras de autitos. Aunque vivíamos en pleno centro, no lo notábamos porque era como estar en cualquier barrio”. “Ya en mi adolescencia, las salidas eran ir a la calle San Nicolás, a Bon Café o a Corcho’s. También estaban el Bar La Plaza y El Roma”, agrega.

El primer desarraigo

Al terminar el secundario, hizo el servicio en Puerto Belgrano, en Punta Alta, Bahía Blanca. Le tocó Marina, lo que le representó estar dos años lejos en pleno proceso militar. “Lo más duro de esa experiencia, que de por sí fue difícil debido a la época que se vivía, fue que estando en el servicio falleció mi mamá”, señala recordando esa pérdida irreparable. “Fue muy difícil regresar y encontrarme en casa, sin ella”, confiesa. Y prosigue: “Me costó asimilar esa realidad. Fue muy triste y me sentí desorientado”.

Comenzó a estudiar Filosofía y Letras en el Colegio Normal y volvió a jugar al básquet. “En la carrera duré poco, sinceramente era muy vago para estudiar”, confiesa y cuenta que, durante un tiempo trabajó en la barra de Corcho´s y también en la agencia que recibía los periódicos y revistas.

Los primeros pasos con la música

Siendo muy joven comenzó a tocar la batería en la orquesta de su papá. “La música nos unía. Mi hermano cantaba y yo desde los 14 años componía, pero era muy vergonzoso para mostrar lo que hacía”, comenta. Recuerda que sus primeras composiciones tenían el estilo de Facundo Cabral o Alberto Cortez y más adelante fue consolidando una tendencia de composición orientada a lo social y “a las cosas de la vida”.

“Fui lírico empírico hasta hoy y me arrepiento de no haber estudiado música, porque cuando empecé a dedicarme de lleno profesionalmente, empecé a darme cuenta que me hubiera servido mucho una formación más rigurosa”, refiere. “En aquellos primeros pasos me costaba mucho. El que se cantaba todo era mi hermano y de vez en cuando yo me animaba a cantar algunas cosas desde la batería. Pero como me conocían todos por el básquet, me daba vergüenza”, acota.

Sorteando esas barreras, en la orquesta de su papá empezaron a tocar una canción suya. “Era un tema de la época que tenía una tendencia similar a lo que comenzaba a escucharse, del estilo de ‘Safari’ o ´¨Los Náufragos’. Fui creando más cosas, y hasta el día de hoy, mi vida ha sido siempre estar cantando o silbando. Me sale de manera intuitiva y natural”.

Buscar su camino

Aunque le hubiera resultado cómodo quedarse, su deseo de experimentar con la música no tardó en expresarse. Comenzó a viajar a Buenos Aires para establecer algunos contactos. “Grababa mis casetes con mi papá y los mandaba”, recuerda.

A poco de andar, su vocación lo llevó a otras geografías. Cuando surgió la posibilidad de viajar a Tijuana, no lo dudó. “Fue una aventura. Llegué a través del sobrino de una amiga de mi tía que vivía en Uruguay y estaba poniendo un estudio de grabación en Tijuana. Viajé con la ayuda de mi familia y saqué un boleto de 21 días. Al llegar, me encontré con un estudio muy profesional, frente al mar. Me invitaron a ser parte de una producción. Era un momento en que estaba pegando mucho el rock en español, Soda Stereo, Los Enanitos Verdes, Miguel Mateos. Sentí que era una oportunidad, yo no había integrado ninguna banda de rock, pero entusiasmaba la idea de hacer música original en ese contexto”.

Los 21 días se transformaron en tres años. “Con ese grupo que se llamaba ‘Todavía’ nos fue muy bien, pero con el tiempo hubo problemas con la disquera, algo que yo hasta entonces no conocía. Así que el grupo se disolvió y yo me fui a Ciudad de México”, relata. “Me fui más armado. Siempre sostengo que Tijuana fue un poco la universidad de lo que iba a vivir después”.

La puerta grande de la industria

En Ciudad de México estuvo muchos años y allí de algún modo se abrió la puerta grande de la industria. “En Sony Music conocí a una persona que me invitó a componer para artistas porque eso daba una buena entrada de dinero. Más tarde me contrató Warner como compositor exclusivo”, señala.

“En paralelo amigos me invitaron a cantar canciones de todo lo que sonaba. Yo venía de estar en una banda original y me entusiasmaba la idea, así que comenzó a convivir la composición con la música en vivo”, resalta. De la mano de ello, también consolidó su carrera como cantautor. Y estando en Ciudad de México se dio el gusto de interpretar aquellos temas que no podía ofrecer a otros artistas porque “eran muy propias”.

“Estuve a punto de firmar contrato con una disquera para hacer mi propio disco. Eso finalmente no sucedió, pero para entonces, yo ya entendía cómo funcionaba el medio artístico”.

Su regreso a Tijuana

En el año 2000 y tras una década de haber estado en Ciudad de México, por razones familiares tomó la decisión de regresar a Tijuana. Allí fue papá de su segundo hijo y permaneció unos años, en coincidencia con un tiempo en el cual la piratería había cambiado el negocio de la música y eso había resultado muy dañino para los compositores, porque ya no se cobraban las mismas regalías.

En Monterrey

En 2002, lo contrató una compañía disquera de Monterrey. Se mudó con su familia y trabajó muchísimo. “Es una ciudad grande, tuve muchas oportunidades, las aproveché y crecí profesionalmente, en un tiempo en el que yo ya tenía a mis dos hijos y mi propósito además de vivir de la música era poder sacarlos a ellos adelante”, sostiene.

Su presente, en varios lugares

En la actualidad, con una carrera musical consolidada, está inserto en un circuito de vida que incluye Ciudad de México, Tijuana y Monterrey. En lo personal, luego de haberse separado de la madre de sus hijos, conoció a la mujer con la que se casó y con la que está en pareja. “Mis chicos ya están grandes. Rafaela tiene 31 años, está casada y es mamá de Renata, es decir que ya he sido abuelo. Y Angelo tiene 24 años, es soltero y está por recibirse de abogado”, cuenta con orgullo.

“Con el paso de los años la vida cambia, te sientes en una vida de familia y ya no es tan fácil moverse de lugar en lugar. Sin embargo, mi andar es por esos tres lugares donde trabajo mucho. Allí están mis proyectos”, refiere describiendo el perfil de aquellas cuestiones que lo convocan.

“Estoy en un proyecto ‘Lo bueno nunca se olvida’, que partió de un disco que hice en Monterrey que versiona grandes canciones del mercado hispanoamericano e internacional. También estoy en un homenaje al rock argentino, e inicié otro proyecto con amigos que se llama ‘Argentina canta’ que hace un recorrido por todos los géneros y rescata lo que el país le ha dado al mundo”.

Asimismo, acaba de sacar un nuevo disco con compositores mexicanos que recrea canciones de ellos con el estilo que maneja Freddy. “Se llama estoy aquí y soy de allá”, comenta y precisa que ese proyecto se incluye en otro llamado ‘Lo bueno nunca se olvida”. “En Monterrey tengo otro proyecto con una big band”, menciona, contando que desde hace un tiempo volvió a componer para artistas.

Regresar al pago

De vacaciones en Pergamino, disfruta de cada encuentro, de cada contacto con seres queridos y de una geografía que le sigue resultando propia. Reconoce que le hubiera gustado hacer su carrera en Argentina. “Sinceramente no se dio, por lo menos no del modo en que sí puede hacerlo en el exterior. Cuando tomé la decisión de irme, eran años de una Argentina difícil”.

“Se ve que el destino estaba en otro lugar”, reflexiona, admitiendo que estar lejos no siempre fue fácil. “El mundo de la música es como andar en una canoa en el medio del mar, más cuando trabajas de manera independiente y tenés que buscar las oportunidades”, agrega.

La zona de confort y lo entrañable

Cuando promedia la charla, menciona la canción que alguna vez le escribió a Pergamino. “Es un tema que usa mucho Diego Del Valle en su programa”, cuenta. Esa canción define lo que siente por este lugar: “Aquí es donde forjé la mejor etapa de la vida. Era como estar todo el tiempo en la zona de confort, con la familia, los amigos, el club. Irme fue como partir aguas hacia lo desconocido”.

Al decirlo, vuelve sobre la memoria de su padre. “El vivió hasta los 90 años y aunque seguramente le hubiera gustado que me quedara, comprendió mis razones”. “Hace tres o cuatro años, en el disco ‘Mi padre y yo’, grabé canciones que había hecho con él. Tenía esa deuda, no quería que quedaran en el olvido”.

Nada cayó en el olvido para Freddy. Por el contrario, la distancia le ha dado perspectiva y permitido rescatar lo esencial, transformarse en quien es sin olvidar su raíz, esa que define su música y es el reflejo de su identidad. “Me sigue causando cierto dolor no haber podido estar más cerca”, admite este hombre cuya base de sustentación han sido sus afectos. Esos que estuvieron y están aquí y los que están allá, esperándolo.

Con la humildad que tienen aquellos que no han perdido referencia de sus orígenes, aun habiendo cosechado aplausos, imagina el futuro haciendo lo que sabe hacer: crear. “No me gusta quedarme sin crear. No me veo sin hacer canciones y sin estar en mis shows. Grabar también me gusta. Sigo siendo aquel aventurero que se fue con un pasaje de 21 días”, remarca sobre el final. Y al decirlo, cuando mira hacia atrás y ve a aquel joven vergonzoso al que le costaba mostrar lo que componía, con su sacudón le pediría que se despabile, y no pierda tiempo. Por lo demás lo abrazaría, agradeciéndole el camino recorrido.

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