Avenida Pellegrini, en la zona sur de Pergamino: cuando una ciudad se anima a crecer
Avenida Pellegrini es hoy una arteria urbana que estructura, ordena y permite imaginar nuevos usos y nuevas formas de crecimiento para Pergamino.
25 de enero de 2026 - 07:15
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Hoy, la Avenida Pellegrini ya no es solo un trayecto. Es una decisión urbana materializada en asfalto, árboles, luces y continuidad.
LA OPINION
Durante muchos años, la Avenida Pellegrini fue una calle más en el borde de Pergamino. No tenía glamour ni protagonismo: cumplía una función básica, casi silenciosa, vinculada a actividades productivas, algunos clubes y la salida hacia otras localidades. No estaba pensada para ser escenario urbano, sino simplemente para resolver desplazamientos. Era una vía útil, necesaria, pero sin mayor peso simbólico dentro del mapa de la ciudad.
Pero las ciudades cambian, y muchas veces lo hacen sin estridencias. Pellegrini es un buen ejemplo de ese tipo de transformaciones: sin grandes anuncios ni gestos grandilocuentes, empezó a modificar su rol hasta convertirse en algo muy distinto. Hoy es una arteria urbana que estructura, ordena y permite imaginar nuevos usos y nuevas formas de crecimiento para Pergamino.
Esa antigua condición periférica no se transformó por casualidad ni de un día para el otro. Fue el resultado de decisiones sostenidas, inversiones públicas y, sobre todo, de una comprensión más amplia sobre cómo crece una ciudad cuando deja de mirarse únicamente el ombligo del centro y empieza a pensar su territorio como un sistema más complejo.
Una avenida como estructura urbana en Pergamino
Las ciudades no crecen únicamente sumando barrios o extendiendo su mancha urbana. Crecen, sobre todo, cuando construyen estructura. En ese sentido, la Avenida Pellegrini pasó de ser una vía secundaria a convertirse en una arteria con peso propio, capaz de ordenar territorio, absorber tránsito, distribuir flujos y habilitar nuevas dinámicas urbanas.
Su transformación en boulevard —con canteros centrales, mejor iluminación, espacios más seguros y una sección vial más clara— no responde solo a una mejora estética. Es, ante todo, una señal. Una señal de que Pergamino decidió invertir en un eje que no pertenece al centro histórico, pero que cumple una función clave para el funcionamiento general de la ciudad.
Este tipo de decisiones no siempre son visibles de inmediato, pero tienen efectos profundos. Una avenida bien pensada no solo mejora la circulación: define jerarquías, organiza usos del suelo y anticipa cómo y hacia dónde puede crecer una ciudad sin perder coherencia.
Bicisenda Avenida Pellegrini
Infraestructura que genera ciudad
Pensar avenidas como Pellegrini es entender que la ciudad no termina donde termina el damero tradicional. Estas vías, ubicadas en zonas que durante décadas fueron consideradas “de borde”, son las que permiten descomprimir áreas centrales, ordenar crecimientos futuros y evitar expansiones desordenadas.
Hoy, Pellegrini funciona como una verdadera columna vertebral que articula sectores productivos, deportivos, residenciales y de servicios, sin necesidad de concentrarlo todo en el casco céntrico. No es una avenida pensada solo para llegar rápido a algún lado. Es una avenida que da soporte urbano a lo que viene.
Cada mejora realizada sobre su traza —desde el pavimento hasta la iluminación, desde la señalización hasta los espacios verdes centrales— tiene un impacto que va mucho más allá del tránsito vehicular. Genera previsibilidad, orden y continuidad. Y cuando una ciudad ofrece esas condiciones, habilita crecimiento. No un crecimiento improvisado, sino uno más sensato y sostenible en el tiempo.
El crecimiento y sus tensiones
En los últimos 20 años, el sur de Pergamino experimentó un crecimiento sostenido que terminó de colocar a Pellegrini en un lugar protagónico. Donde antes había parcelas dispersas, comenzaron a aparecer nuevos barrios, servicios y actividades que encontraron en la avenida una infraestructura capaz de sostenerlos.
Ese proceso no estuvo exento de tensiones. Como suele ocurrir, el crecimiento puso en evidencia falencias: tramos deteriorados, baches, problemas de mantenimiento y reclamos vecinales que obligaron a repensar la calidad de la infraestructura existente. Pellegrini también fue noticia por eso: por mostrar que una avenida estratégica no puede sostener su rol sin inversión constante.
Las obras de pavimentación y repavimentación, sumadas a la incorporación de iluminación LED, canteros centrales y bicisendas, marcaron un punto de inflexión. Ya no se trataba solo de reparar lo que estaba mal, sino de transformar la avenida en un boulevard urbano moderno, más seguro y más acorde a su nueva función dentro de la ciudad.
Una arteria que permite nuevos usos
Una de las características más interesantes de la transformación de Pellegrini es su capacidad para habilitar usos diversos sin necesidad de imponerlos. Cuando la infraestructura está, los usos aparecen. No por decreto, sino por lógica urbana.
La avenida dejó de ser una simple vía de paso para convertirse en un espacio donde conviven distintas actividades: circulación vehicular, movilidad alternativa, servicios, deporte, comercio y vida cotidiana. No como excepción, sino como parte de una dinámica urbana más rica y compleja.
En este sentido, Pellegrini no compite con el centro ni intenta reemplazarlo. Cumple otro rol: el de ser una pieza clave dentro de un sistema urbano más amplio, capaz de absorber transformaciones sin colapsar y de acompañar el crecimiento sin desordenarlo.
Avenidas que hacen posible el futuro
En muchas ciudades medianas, las grandes transformaciones no ocurren en las plazas históricas ni en las calles tradicionales, sino en estas avenidas de borde que comienzan a asumir roles estratégicos. Pellegrini se inscribe claramente en esa lógica: la de una vía que deja de ser fondo para convertirse en estructura.
Es el tipo de avenida que no busca ser postal ni símbolo turístico, pero sí herramienta urbana. La que permite imaginar una ciudad más extensa, más equilibrada y menos concentrada. La que acompaña el crecimiento sin estridencias, pero con constancia.
Hoy, la Avenida Pellegrini ya no es solo un trayecto. Es una decisión urbana materializada en asfalto, árboles, luces y continuidad. Es el reflejo de una ciudad que empieza a entender que crecer no es solo ocupar más suelo, sino hacerlo mejor. Porque, al final, las ciudades no se expanden solas: se expanden cuando se animan a construir las obras que las hacen posibles.