La sociedad argentina se ha expresado en las urnas y haciendo valer su derecho y su responsabilidad ha elegido al nuevo presidente. El libertario Javier Milei asumirá el 10 de diciembre y la transición ya se ha iniciado con las tensiones propias de las heridas que ha dejado el proceso electoral, pero con la cuota de madurez necesaria que los líderes están llamados a poner en este tiempo en el que, la gravedad de la crisis, no permite más que el respeto a los canales institucionales y la sana convivencia democrática.
En tan solo un par de años, Javier Milei pasó de ser un economista que llamaba la atención en los programas de televisión con sus ideas libertarias a presidente electo de Argentina. Esto sucedió en coincidencia con los 40 años de democracia, en un país que experimenta como lo han señalado algunos analistas la crisis de la mediana edad. Sin embargo, la elección de segunda vuelta del 19 de noviembre despejó por completo el fantasma de cualquier mecanismo de fraude y permitió a los argentinos elegir en absoluta libertad su destino.
Ni funcionó la campaña del miedo, ni prosperó la idea de la motosierra tal como había sido planteada la plataforma electoral de La Libertad Avanza en el inicio de la campaña. Más bien se impuso la necesidad de un cambio profundo, pero que deberá implementarse con precisión quirúrgica para no dañar más un tejido social lo suficientemente frágil y corroído.
El 55, 7 por ciento de los votos contra el 44,3 % que obtuvo el ministro candidato Sergio Massa marcaron el camino. Entender lo que motivó este resultado que el propio presidente electo calificó de "milagro" es indagar en la realidad que vive la Argentina profunda que parece estar dispuesta a terminar con una cultura de la dependencia.
Milei ganó las elecciones sin tener experiencia de Gobierno y sin haber tenido en las elecciones provinciales desempeño electoral exitoso. Fue el candidato más votado en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, pero no se impuso en la primera vuelta electoral. El balotaje hacía suponer que iba a pesar más la estructura del Estado puesta al servicio de la campaña electoral y el miedo que se transformó en el principal instrumento de campaña contra una plataforma que resultaba disruptiva y que generaba no pocos interrogantes.
Algunas claves permiten entender cómo logró Javier Milei posicionarse y alcanzar la cúspide del poder en el país. Estas variables no sirven solo para una lectura analítica del presente, sino que se configuran en la hoja de ruta que puede marcar el tiempo por venir y servir de parámetro para evaluar cómo avanzará en la principal tarea que tiene por delante que es ni más ni menos que la de construir gobernabilidad.
En primer lugar, en la elección de la ciudadanía pesó la crisis. Argentina atraviesa una grave situación económica y social, con dos de cada cinco personas viviendo en la pobreza y una tasa de inflación anual que llegó a 143% en octubre.
Se trata de la tercera gran crisis de este tipo que el país pasa desde que recuperó la democracia, tras la hiperinflación que anticipó el fin del gobierno de Raúl Alfonsín en 1989 y el estallido social que provocó la caída del presidente Fernando de la Rúa en 2001. Esta realidad no resultó menor en la consideración de un electorado que no estuvo dispuesto a legitimar la gestión del actual ministro de Economía que pretendía con estos indicadores transformarse en presidente. No resultó creíble el mensaje de que algo de este presente pudiera cambiar con la continuidad de un modelo que la sociedad entendió, está agotado.
En este sentido, Milei apareció como una alternativa donde lo económico cobra una relevancia sustantiva. Como si la sociedad entendiera que se requiere de un cambio radical para torcer el rumbo de una debacle que parece irreversible.
No exentos de la incertidumbre que plantea iniciar un camino que será sinuoso, la mayoría de los argentinos se inclinaron por un cambio drástico que promete dolarizar la economía, cerrar el Banco Central y recortar el gasto público en un 15 por ciento del Producto Bruto Interno. Nadie sabe aún con certezas cuánto de este ajuste pagará la sociedad y cuánto la "casta" que el presidente electo prometió "erradicar". Pero lo cierto es que aún en este contexto, se privilegió el cambio por sobre la continuidad.
Otra variable que influyó en el ascenso del líder libertario fue el discurso rupturista. Las consideraciones anti establishment con duras críticas a la política tradicional calaron en la sociedad que resultó permeable a este mensaje, quizás producto del hartazgo. Y una narrativa en principio discordante, se impuso al relato. En este aspecto los jóvenes fueron protagonistas por cuanto desde el comienzo se entusiasmaron con esta irrupción de un "ofsider" que llegaba a la arena política y se transformaron en un pilar clave del triunfo.
En paralelo, el apoyo de la centroderecha jugó un papel preponderante en la victoria por cuanto resultó importante el respaldo del expresidente Mauricio Macri y de la excandidata presidencial y presidenta del PRO, Patricia Bullrich. Si se observan los números de la elección los más de catorce millones de votos que recibió Milei en la segunda vuelta supusieron un aumento considerable de los sufragios respecto del caudal obtenido en la primera vuelta electoral con un nivel de participación electoral similar. El libertario se impuso, además, en 21 de los 24 distritos electorales (ganó en 20 provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), mientras el peronismo mantuvo su gran bastión de la provincia de Buenos Aires.
Esta especie de alianza, que nadie sabe a ciencia cierta si se traducirá luego en la gestión de Gobierno también implicó concentrar el discurso en el kirchnerismo, para desterrarlo, y moderar el tono empleado en el comienzo de la campaña donde "la motosierra" amenazaba con no dejar en pie a ningún sector de la política tradicional.
Enumeradas estas variables, que seguramente no agotan el inventario de los pilares sobre los cuales Javier Milei construyó su victoria, de cara al 10 de diciembre lo que se abren son los interrogantes propios de no saber con certezas quién es el líder libertario. Hay quienes señalan que es un "lunático" fanático de la teoría económica y, por el contrario, hay otros que observan en él un pragmatismo que encuentra en las señales que ha dado desde el 19 de noviembre hasta aquí una base desde la cual imaginar no solo la conformación final de su gabinete sino la posibilidad real de corregir los graves problemas que enfrenta la argentina con la templanza que se requiere de los líderes.
En este punto, la mesura que mostró como lógica para imponerse en el balotaje deberá ser lo corriente porque el 10 de diciembre asumirá la conducción del país en un escenario sumamente complejo, con una oposición preparada para resistir y con una ciudadanía que lo votó mayoritariamente, pero que también ha demostrado que suele ser volátil en su consideración respecto de sus líderes.
En cualquier escenario, lo que resultará imperiosa es la prudencia y la convicción colectiva de que es la ciudadanía la que ha elegido un camino y ha hecho de la alternancia el estandarte para avanzar hacia la construcción de la Argentina de los próximos años. En esa edificación la madurez de los dirigentes, la inteligencia del Gobierno y el acompañamiento social resultarán claves para construir gobernabilidad. Sin esos atributos lo que peligra es la paz democrática, un valor que en este país costó mucho consolidar.