domingo 10 de mayo de 2026

Algunos hechos de altruismo como llave para construir otra realidad

10 de diciembre de 2022 - 00:00

En el seno de una sociedad profundamente dividida, fragmentada y sumida en una crisis que no encuentra caminos de solución, la solidaridad aparece como una cualidad que otorga un atisbo de esperanza. Tomando solo algunas dimensiones de la vida social, hay rescates posibles que muestran que las actitudes altruistas ayudan a reconstruir el tejido social resquebrajado. Puede resultar ingenua la lectura, sin embargo, hay aspectos de lo humanitario que representan desde lo simbólico verdaderos espejos desde los cuales mirar la posibilidad de una sociedad mejor.

Considerando solo temas sanitarios, y dejando de lado todas aquellas falencias que tiene el sistema y que por estos días son motivo de legítimos reclamos, lo que ocurre con la donación de órganos, con la donación voluntaria de sangre y más cerca de nuestra casa, con la donación de plasma para nutrir los bancos que proveen de unidades de este elemento vital para la atención de pacientes con sospecha de Fiebre Hemorrágica Argentina son algunos de los indicadores que marcan un sendero distinto al de las diferencias. La actitud altruista de aquellos que donan algo de lo propio para salvar la vida de otros es uno de los valores más genuinos de la sociedad, esos que están en la raíz y son edificantes.

En materia de donación de órganos, las cifras oficiales proporcionadas por el Instituto Nacional Unico Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) son históricas en materia de procedimientos realizados, lo que evidencia una mayor conciencia ciudadana respecto de la importancia de la donación. En los últimos años, gracias a la Ley Justina, aumentaron las donaciones de órganos y tejidos. En lo que va del año se realizaron en el país 1552 trasplantes, gracias a las 708 personas que donaron sus órganos. Si bien los pacientes en lista de espera siguen siendo muchos, y existen aún mitos en torno a la donación, el crecimiento de la conciencia social y el trabajo eficiente de los actores que intervienen en todas las fases de este proceso van modificando una realidad y consolidando la donación de órganos como una práctica altruista y profundamente comprometida con la vida.

En el mismo sentido, si se toma la donación voluntaria de sangre, si bien aún no se ha logrado revertir el paradigma y sigue siendo necesario recurrir a las convocatorias a donantes por reposición y el sistema mismo funciona de manera flexible y solidaria, con el paso del tiempo y fruto del trabajo que realizan los actores sanitarios y el voluntariado para promover la hemodonación, esta práctica se instala. Si los datos reparan en la geografía local, es creciente el número de donantes que se fidelizan y se transforman en "donantes habituales". Esto es resultante no solo de una mayor sensibilización, sino de una tarea que de manera sostenida realiza el servicio de Hemoterapia del Hospital San José y el equipo de promoción que se ha conformado. Algo similar ocurre con la donación de médula ósea, un aspecto sobre el que es necesario insistir para derribar mitos y acrecentar las posibilidades de que este acto sencillo se transforme en el pasaporte a la vida para muchas personas que sufren enfermedades graves.

Si la mirada se detiene sobre la donación de plasma inmune, recientemente una campaña impulsada desde el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas "Doctor Julio Maiztegui" y la dirección provincial de Hemoterapia posibilitó en distintos hospitales de la región reunir un importante stock de plasma inmune producto de la respuesta de pacientes recuperados de Fiebre Hemorrágica Argentina que respondieron a la convocatoria efectuada y se acercaron a donar. 

El caso del plasma inmune de convaleciente el ejemplo histórico de cómo una actitud altruista puede promoverse y sostenerse en el tiempo, transformándose en la piedra fundamental para el éxito de una estrategia sanitaria. Con la preocupación de saber que se trata de un recurso finito, la decisión de impulsar nuevas campañas se imponía como necesidad en un contexto en que aumentaron significativamente los casos de Fiebre Hemorrágica Argentina. Y el llamado rindió sus frutos. La descentralización de las colectas representaba un desafío, pero encontró base en el trabajo histórico que el Instituto Maiztegui hizo no solo en el descubrimiento de la eficacia del tratamiento, sino en la promoción de la importancia que tiene la donación voluntaria de plasma para el sostenimiento de esta estrategia con la que se logró disminuir de manera significativa la mortalidad por Fiebre Hemorrágica Argentina.

El inventario de las cuestiones señaladas, seguramente no se agotan en el recorte realizado para esta reflexión, pero sirven para poner en foco el valor de la predisposición a hacer por los otros, algo que cobra relevancia sustantiva en tiempos de tanto individualismo. No es casual que estas acciones solidarias ocurran en el campo de la salud, un bien preciado por el conjunto de la sociedad. Tampoco es fortuito que aparezcan como pequeños oasis en un mundo convulsionado que no encuentra atisbos de unión. Ojalá pudieran extrapolarse a otras dimensiones de la vida en comunidad donde la empatía está llamada a ser la llave para construir otras realidades, pensadas en función de lo colectivo. Y emerger como el impulso vital que nos rescate del abismo, ese que se abre frente a los pies cada vez que se olvida que vivir en comunidad es una construcción colectiva.

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