sábado 21 de marzo de 2026

Pablo Sorasio volvió a exportar genética Hampshire Down a Paraguay

31 de enero de 2021 - 00:00

A través de su cabaña “La Esperanza” ubicada en Laborde, Córdoba, el productor pergaminense ya había exportado ovinos en 2019. Próximamente enviará un macho y una hembra a Uruguay. Cómo fue el desafío de comercializar durante la pandemia. Su hobby y cariño por las llamas, a las que trata como mascotas.


Después de que prestigiosos jurados colgaran varias cucardas en los últimos años a sus ovejas Hampshire Down en las exposiciones nacionales e incluso en Palermo, Pablo Sorasio vuelve a exportar genética ovina a Paraguay y sin dudas esa es otra medalla que, en este caso, se cuelga el productor pergaminense por méritos propios.

Soja, maíz, trigo, bovinos, cerdos y al final las ovejas. Ese podría ser un posible orden de las mayores producciones a campo en la pampa húmeda. En rentabilidad, claro, el orden tal vez sería distinto y hasta se podría armar un debate.

De tal discusión defendería la cría rentable de ovejas de pedigree en el corazón agrícola de Argentina Pablo Sorasio, ferviente criador de esta raza lograda en 1880 al sur de Inglaterra, en el condado de Hampshire: “Más o menos son unas 150 hembras Puras de Pedigree (PP), casi toda la majada, un 98 por ciento es PP. Pero no todas las borregas que tenemos están inscriptas como PP ya que la realidad es que a mucha gente no le interesa el pedigree o pagar el costo extra del pedigree, entonces una parte de las borregas las inscribimos como Puras Controladas (PC). Casi todos los animales que vendemos cuentan con registro de la Asociación Criadores Hampshire Down de Argentina”, cuenta el expresidente de la Sociedad Rural de Pergamino a la hora de presentar a su majada en el campo de Laborde, Córdoba.

-¿Cómo fue la exportación a Paraguay?

-La compra se realizó en 2020 pero la exportación se realizó este mes por el tema de las cuarentenas de los animales.

Estamos en el Mercosur, el intercambio de genética entre los países que lo conforman tendría que ser un trámite muy aceitado y sencillo. El protocolo sanitario que usa Argentina tendría que estar aprobado por Paraguay, entonces los animales que se exportan desde aquí ingresarían más fácilmente. Pero como no es así, cuando ingresan a Paraguay se le realizan nuevamente los mismos análisis que acá y son muchos gastos. Un productor con interés de traer genética a su país o viceversa, tiene que sumarle al valor del animal un 60 ó 70 por ciento más. Y además esos gastos, lleva unos cuatro meses de papelería, y muchos riesgos porque mientras tanto hay que tener a los animales en cuarentena. Habría que buscar la forma de ser eficientes para que sea muy fácil para las cabañas exportar o importar genética. Hoy lamentablemente no es así, es caro y complejo.

-Brasil, Paraguay, Uruguay… ¿de qué otros países se interesan en genética Hampshire nacional?

-Tanto la gente de Paraguay, Bolivia, Perú y Uruguay está mirando con buenos ojos la genética Hampshire Down Argentina, ya en 2018 y 2019 empezaron a aparecer por la Exposición de Palermo a mirar genética y a hacer los primeros contactos.

En 2019 algunas cabañas argentinas pudieron hacer la primera venta a Paraguay y en 2020 realizamos el primer remate de cabañas Hampshire Down vía streaming, a través de Canal Rural. Allí estos productores compraron varios animales, los que este mes fueron enviados a Paraguay. En esa misma subasta también compró genética gente de Uruguay.

-El año pasado fue muy difícil vender debido a la ausencia de exposiciones, muestras a campo abierto y remates presenciales, ¿de qué manera impactaron estos factores en las cabañas?

-En el caso de nuestra cabaña fue un buen año, no le puedo pedir más; vendimos muy bien, mucha gente fue a la cabaña cuando de a poco se fueron levantando las restricciones por la pandemia, con protocolos como corresponde, como solicitar un día para ir a visitar el establecimiento, entre otras cuestiones.

Se vendió muy bien, pero es cierto que faltaron muchas de las exposiciones interesantes para las ventas, porque a veces allí no se concretan pero sí meses después en la cabaña; es gente que ve los animales en las muestras, se interesa y más tarde se contacta para comprar.

Este año faltó quizás el cliente que se entusiasma en mejorar la majada porque va a una exposición y ve que hay mucha diferencia con lo que realmente tiene en su campo. Pero al comprador habitual que un animal le anduvo bien, que es consecuente con la cabaña, ese estuvo, llamó, se metió en el remate y compró.

La realidad es que el año pasado hicimos unos 50 machos para venta y sacamos 15 en el remate; y se vendió todo. La gran venta nuestra fue de gente que llamó a la cabaña para volver a comprar porque los animales le habían andado bien. El 2020 para nosotros fue un año extraordinario en cuanto a ventas, aunque la pandemia como a muchísima gente nos dejó fuera de competencia en muchos espacios.

Las llamas

En el campo ubicado en Laborde, Pablo Sorasio también dedica tiempo a lo que él asegura es un hobby: la cría de llamas. “Hace 10 años que criamos llamas, aproximadamente tenemos más de 20”.

-¿Hay mucha demanda?

-Sí, pero nos cuesta venderlas porque uno se encariña, en el parque de la casa hay un lote y es inamovible; mientras que las que van naciendo de ese lote van a otro, pero como sabemos cuál es hija de tal o cual, nos encariñamos y no las podemos vender.

-¿Cariño como para tratarlas como a una mascota?

-Claro, si la mayoría tiene nombre: Finita, Candela, Canela... (risas). En cambio el macho es problemático, entonces tratamos de venderlos porque entre ellos pelean mucho, se lastiman, son agresivos con las hembras cuando hay muchos. Casi todos los años vendemos el excedente de machos. En la provincia de Buenos Aires se vende mucho.

-¿Qué tipo de manejo requieren?

-Lleva un pequeño plan sanitario. Nos costó encontrarle la vuelta ya que son animales que, al ser traídos del norte del país, vienen con un sistema inmunológico muy sencillo y de muy poca memoria, ellos están en un ambiente casi limpio, en extensiones muy grandes, entonces el contagio, los parásitos y la carga parasitaria es muy baja, están en un hábitat demasiado limpio. Mientras que cuando vienen están en una zona húmeda, están más hacinados porque por más que estén en un lote de 30 hectáreas, en el norte están en uno de 100 mil hectáreas en la montaña.

Acá chocan con todo tipo de parásitos, con enfermedades con las que nunca tuvieron contacto (pasteurela, sterichiacollis), entonces hasta que su sistema inmunológico empieza a reconocer todas esas enfermedades y a hacer anticuerpos, si no lográs cuidarlas se mueren.

Tienen un sistema reproductivo muy largo, son animales de muy lento crecimiento, tardan un año en gestar, normalmente tienen una cría por año y ésta tarda tres años en hacerse adulta. Por eso no es común verlas en los campos de la región. Para nosotros es un gusto, realmente las disfrutamos, cada vez que te levantás y las ves por la ventana en el parque es una satisfacción.

-¿La lana de la esquila la venden?

-A la lana la mandamos a hilar a Catamarca y después la hacemos tejer en Entre Ríos. Los productos de lo que se teje en Entre Ríos casi siempre los regalamos a los amigos porque no podés venderlos, son muy costosos, incalculables, la tejedora cobra y el hilador también, por lo tanto son trabajos artesanales que cuestan mucho.

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