En los bancos de germoplasma del Inta en Salta, Balcarce y Pergamino se almacenan poblaciones locales de poroto, papa y maíz, respectivamente. Los especialistas trabajan en la restitución de estos cultivos en aquellas regiones en las que se perdieron. Las especies locales cumplen un rol esencial en la provisión de alimentos.
Desde la década de 1950 los bancos de germoplasma de las estaciones experimentales agropecuarias del Inta en Salta, Balcarce y Pergamino conservan variedades locales de poroto, papa y maíz, respectivamente. Esta conservación ex situ contribuye a la complementariedad de la in situ, en las fincas de algunos agricultores.
“Estos bancos forman parte de la Red de Recursos Genéticos del Inta y desde el año 2004 se encuentran trabajando activamente, junto con los extensionistas de los territorios, en la restitución de variedades locales de estas especies en aquellas regiones donde la diversidad de estos cultivos se ha perdido”, indicó Mariana Ferreyra, curadora del Banco Activo de Germoplasma de la EEA Cerrillos, Salta.
Las variedades o poblaciones locales cumplen un rol esencial en la provisión de alimentos, permiten que las especies y los ecosistemas evolucionen y se adapten al ambiente cambiante, aportan variabilidad para incorporar en los programas de mejoramiento genético de los cultivos y proporcionan valores sociales, culturales, estéticos y recreativos.
“En la Argentina las variedades locales se encuentran localizadas principalmente en las zonas de agricultura de subsistencia y minifundios del nordeste y noroeste y de comunidades originarias andinas y patagónicas, y han sido conservadas y desarrolladas tradicionalmente por los agricultores que habitan estos territorios”, señaló Raquel Defacio, curadora del Banco Activo de Germoplasma de la EEA Pergamino, Buenos Aires.
Hace varios años se observa una disminución de la diversidad de variedades locales en las regiones donde se las cultiva: “Las principales causas son el reemplazo de las variedades tradicionales por materiales mejorados de la misma especie o por otros cultivos más productivos o de mayor valor económico, el abandono del cultivo debido a la migración de la población rural o incluso porque pueden ser adquiridos en mercados cercanos”, agregó la curadora del Banco Activo de Germoplasma de la EEA Balcarce, Ariana Digilio.
Sin embargo, existen grupos de agricultores y comunidades, que en conjunto con especialistas del Inta, muestran interés en continuar cultivando las variedades locales y recuperar aquellas con las que hoy no cuentan.
Cabe destacar que estas poblaciones contribuyen a aumentar la diversidad en los agroecosistemas, están adaptadas a las condiciones edafo-climáticas locales en las que se desarrollaron y muestran resistencia natural a plagas y enfermedades. “Estos recursos, además, están vinculados con saberes tradicionales asociados a su manejo y uso, que constituyen un patrimonio cultural de gran importancia”, consideró Defacio.
Un tratado internacional
Actualmente, la actividad que realiza el Inta en relación a las poblaciones locales está enmarcada dentro del Proyecto “Conservación y uso sostenible de los recursos fitogenéticos locales para la alimentación y la agricultura para contribuir a la seguridad alimentaria de los pequeños agricultores de Argentina”, presentado por Argentina a la cuarta convocatoria del Fondo de Distribución de Beneficios del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (Tirfaa).
“Entre los objetivos de este proyecto se prevé la articulación interinstitucional mediante un trabajo en equipo multidisciplinario que contribuya con la seguridad alimentaria y la conservación de la agrobiodiversidad y los agroecosistemas”, explicó Ferreyra.
“El proyecto se propone revalorizar los conocimientos tradicionales asociados a los cultivos y el intercambio de saberes entre la conservación in situ y ex situ de las variedades locales”, analizó Ferreyra y agregó que, a su vez, “el trabajo tiene entre sus objetivos garantizar el acceso a un número específico de herramientas para la investigación y el fitomejoramiento”.
Además, se espera beneficiar a 1.600 productores locales, con características típicas de la agricultura familiar, distribuidos en distintas regiones del país. Las actividades se centrarán en la conservación, selección participativa y difusión de variedades locales de maíz, papa y poroto, que son el resultado del proceso de selección y mejoramiento realizados por los agricultores durante cientos de años.
“El Arca de Noé”
Cuando se conoció la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, Noruega, el mundo la llamó “el Arca de Noé de las especies vegetales”. La Argentina, que forma parte de ese trabajo internacional, posee además una red de “arcas” en su territorio nacional e incluso la Antártida -Bases Belgrano II y Jubany, con el apoyo del Instituto Antártico Argentino-. Allí se conserva aproximadamente el 93 por ciento de los recursos genéticos del país, según el último informe del plan de acción mundial de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La red conserva ex situ especies cultivadas y sus congéneres silvestres, las caracteriza y evalúa morfológica, genética, agronómica, bioquímica y molecularmente, las documenta a fin de que se encuentren disponibles tanto para la investigación y el mejoramiento, como para reintroducirlas en sitios donde han desaparecido.
Las semillas de las colecciones activas se conservan en cámaras frías con temperaturas entre 0º C y 12º C, mientras que los niveles de humedad en la semilla se encuentran entre el 5 y 8 por ciento. Se utilizan preferentemente bolsas trilaminadas de aluminio, termoselladas herméticamente, junto a otros envases -frascos, botellas y cajas de vidrio-. A su vez, las colecciones base se conservan del mismo modo pero con un contenido de humedad entre 4 y 6 por ciento, con temperatura de -20º C. En el caso de frutales, cultivos industriales y algunas especies forestales y forrajeras, la conservación se realiza en el campo. (INTA INFORMA)