viernes 03 de abril de 2026

Las 512 Viviendas, un lugar donde mandan los violentos y vivir en paz es una utopía

27 de septiembre de 2020 - 00:00

Lo que fue en su momento un complejo habitacional donde muchas familias trabajadores accedieron a su primera vivienda, desde hace un tiempo a esta parte se transformó en tierra de nadie. Con actitudes intimidantes se condiciona el paso de policía, ambulancias, remises y delivery. Muchas familias viven con miedo y le contaron sus sensaciones a LA OPINION.


¿Vivir en el barrio Virgen de Guadalupe se transformó en un infierno? La pregunta subyace desde hace tiempo y cobra fuerza en virtud de los últimos hechos ocurridos, que pusieron en conocimiento de toda la comunidad lo que los vecinos de la zona viven cotidianamente. El Complejo Habitacional 512 Viviendas, emblemático del barrio, devino en tierra de nadie por el terreno que ganó la delincuencia en perjuicio de la mucha gente honesta y de trabajo que allí habita y que reconoce padecer el hecho de tener que convivir con bandas que no dejan ingresar a nadie que no viva allí. Ni la Policía, con la que varios dicen tener una inquina manifiesta de parte de malvivientes que se sienten con impunidad, dueños del lugar.

Desde hace tiempo no ingresa el transporte público ni el servicio de delivery y son varios los vecinos que acobardados han decidido mudarse en busca de un destino más tranquilo. Pero no todos han tenido ni tienen esa posibilidad lo que los obliga a vivir con temor, y sin herramientas para cambiar una realidad de la que involuntariamente son parte.

No es reciente que el perfil del complejo habitacional ha cambiado, ha sido un devenir de generaciones que han propiciado esta realidad. En muchos casos son menores que delinquen los que manejan el barrio, quizás porque entran y salen cada vez que deben rendir cuentas ante la Justicia por los delitos que cometen. Hay quienes aseguran que los códigos de la propia delincuencia cambiaron, que el propio barrio ha sufrido las consecuencias de la llegada de foráneos con otras reglas limitando cada vez más la libertad y la calidad de vida de familias a las que no les queda más que sobrevivir en un contexto que no eligieron y tampoco saben cómo cambiar.

Lo que sucede y se refleja en los testimonios relevados por LA OPINION en el presente informe parece la consecuencia de una realidad conocida por todos, también por quienes con responsabilidad para intervenir y transformar la realidad han dejado a mucha gente de bien a la buena de su suerte.

Reclamos de vecinos

En una recorrida por el barrio, nos encontramos con Sandra de 37 años que vive con su esposo y dos hijas. "Hace mucho tiempo que vivo en este lugar y nunca estuvimos tan mal como ahora, las noches son eternas y realmente tenemos miedo", comenzó diciendo la joven mujer que trabaja en un comercio.

"Después de las 20:00 todo se transforma en tierra de nadie, se ven pasar bandas de chicos de entre 12 y 18 años que parecen patrullar el barrio", dijo y describió que cuando regresa al barrio mira para todos lados: “Siempre pienso que puede llegar a pasarme algo malo”.

Otro pesar que la atormenta por vivir donde vive es la estigmatización social: “Quiero decirle a todos los que piensan que en las 512 vivimos todos ''''negros'''' como dicen, que acá hay mucha gente buena trabajadora, honesta que quiere cambiar la imagen que los pergaminenses tienen de este lugar", expresó como mensaje a la sociedad que, cierto es, ha rotulado a “las 512” como cuna de malvivientes, de un modo generalizado y condicionando a todos lo que allí viven.

Aislados

"Vivo desde que se inauguraron los departamentos y esta realidad me llena de tristeza, acá nacieron mis hijos y esperaba en algún momento poder ver a mis nietos viviendo cerca, pero creo que nunca lo voy a lograr", indicó en el inicio de una breve conversación Antonio (68) que es jubilado y vive con su mujer María (67).

"Nunca fue un lugar tranquilo, solo al comienzo cuando todos nos conocíamos; años más tarde empezaron a llegar nuevas familias y la situación se fue agravando hasta llegar a no poder recibir visitas. Si quiero ver a mis nietos, prefiero ir con mi esposa y que ellos no vengan", señaló con lágrimas en los ojos.

Por último Antonio dejó un mensaje que revela otra cara del problema: “La Policía hace lo que puede, les tiran piedras, los quieren golpear y hasta los buscan, los intentan sacar a los tiros, pero creo que el problema es de la Justicia. Conozco chicos de 18 a 20 años que tienen por lo menos 25 denuncias y entran por una puerta y salen por otra. Señores políticos, fiscales y autoridades en general: estamos cansados de vivir con miedo, somos personas como todos, merecemos poder salir tranquilos”.

Un infierno

“Yo vivía en el barrio Mariano Moreno con mi familia; mi papá y mi mamá decidieron comprar un departamento acá y creo que fue la peor decisión del mundo. Durante todo el día se escuchan música fuerte, gritos, corridas y hasta tiros. Esto es un infierno se lo puedo asegurar a cualquiera”, señaló Yanina, una maestra de 35 años.

“Lo que ocurrió en los últimos días y sucedió lamentablemente porque vivimos muy mal. Parece mentira que no puedan ingresar los delivery, las ambulancias y los remises. Pero esto no empezó hace dos o tres meses cómo algunos quieren hacerle creer a la gente que no es del barrio, todo está mal y los políticos vienen cuando necesitan de la gente. Acá vivimos personas, no animales que los utilizan cuando llegan las elecciones", continuó diciendo y al final manifestó su pesar y preocupación tanto por los vecinos que atentan como los que padecen la violencia: “A los chicos que andan en bandas los conozco y también a sus padres, sin embargo pareciera que buscan que vivamos presos en nuestros hogares y ellos marcan los tiempo del barrio. Acá necesitamos dos o tres módulos policiales con 20 efectivos por turno y que sientan que la Justicia es Justicia, no que sean amigos de los fiscales y jueces, son jóvenes que pueden recuperarse".

El pedido

Por estás horas los vecinos del lugar reclaman a las autoridades tanto políticas como judiciales y policiales que tengan competencia que se arbitren las medidas necesarias para que el Complejo Habitacional 512 y la totalidad del barrio Virgen de Guadalupe recuperen la calma pérdida y que las familias que habitan en el lugar puedan tener acceso a servicios esenciales como el transporte público, la seguridad y la asistencia sanitaria ante una eventual urgencia. Cuestiones vitales que hoy, a la luz de la realidad resultan una batalla pérdida.

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