domingo 14 de junio de 2026

En la lucha contra la droga al menudeo está la principal batalla contra los narcos

18 de febrero de 2014 - 00:00

Está probado el avance de la droga en la Argentina y sobre esto ya no hace falta establecer nuevos diagnósticos. La venta de estupefacientes al menudeo, los “dealers” o “transas” o vendedores minoristas -por llamarlos de algún modo- representan hoy en día uno de los principales focos de violencia y muerte. El copamiento territorial conlleva a una guerra armada que exacerba la criminalidad que, de por sí, implica la venta de estupefacientes. Además, detrás de estos personajes están el crimen organizado, los llamados cárteles, que respaldan y abastecen de elementos y medios para la lucha. Aunque algún funcionario lo quiera negar o minimizar, es un hecho que Argentina ya no es un país de tránsito y consumo sino que aquí se produce y distribuye. Y uno de los epicentros lo tenemos los pergaminenses a una hora de viaje, en Rosario, donde las estadísticas ya arrojan un muerto por día a causa de este flagelo.

De modo que hay que modificar la matriz de la prevención y represión de este delito que es la comercialización, generador de tantos otros. El Gobierno ha pensado que en la multiplicación de recursos puede estar la clave.

Por eso la Nación busca el apoyo de las provincias para combatir al narcotráfico. En realidad, más que el número de oficiales, lo que realmente favorecerá esta lucha será la pertinencia. Nadie conoce mejor a los “transas” y sus cuevas que los policías del lugar; esta proximidad da muchas más ventajas en la lucha que la participación exclusiva de la Policía Federal, más escasa y esparcida.

Frente a señales cada vez más evidentes sobre la violencia de los grupos organizados vinculada a la venta de drogas, la Casa Rosada pretende poner finalmente en marcha una ley aprobada en 2005, que transfiere responsabilidades en la represión al narcomenudeo a las policías locales y a los tribunales provinciales. La coordinación de las acciones operativas quedaría en manos del Estado nacional.

La semana pasada fue el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien argumentó en favor de desfederalizar la lucha contra las drogas durante una reunión con ministros de Seguridad y Justicia de las provincias. No todos los distritos están convencidos de contribuir con sus propios jueces y fiscales por el riesgo de saturar los juzgados con causas de tenencia de drogas. Los gobernadores saben que si les transfieren responsabilidades pero no fondos, la idea va al fracaso y ellos pagarán los costos políticos del caso. Y tienen razón. Por eso quedó en claro en ese encuentro desarrollado en la Casa Rosada que las Provincias firmarían un compromiso para adoptar la desfederalización de la lucha contra el narcotráfico si se aseguran partidas económicas nacionales para sostener la actividad extra en sus juzgados. Esa propuesta es el eje del Plan Federal Antidrogas que prepara la Nación.

Tras las pronunciamientos de la Iglesia y de la Corte Suprema en noviembre pasado, la administración kirchnerista empezó a reconocer la fuerte presencia narco en el país. Ahora se acepta que la Argentina se convirtió directamente en un país productor de drogas. Así lo reconoció la semana pasada el ministro de Defensa, Agustín Rossi.

El problema fue que no se tuvieron en cuenta las luces amarillas en este caso y cuando se encendieron las luces rojas, ya era tarde: había cocinas de cocaína en todo el Conurbano y Rosario, donde a su vez se fabrica Paco con los residuos; los pasos fronterizos del norte del país ya eran un colador impresionante, por donde se podía pasar cualquier cosa desde que directamente se desmantelaron radares y a los gendarmes se los volcó a otras funciones. La cantidad de muertes, por ejemplo, en Rosario fueron, más que un alerta: la confirmación de que el narcotráfico ya estaba haciendo estragos en la Argentina. Desde allí es que llega a nuestra ciudad la mayor cantidad de la droga que consumen los pergaminenses. Según las informaciones recavadas –ya publicadas y otras que aparecerán en un próximo informe- en Pergamino no se “cocina” sino que llega todo listo para el consumo. Uno de los datos que lleva a esta aseveración es que no se registra consumo de Paco, propio de las adyacencias de las zonas de producción. De todos modos, esto puede cambiar en cuestión de horas. Como decimos, uno de los epicentros es Rosario y no sería raro que si se le empieza a dar un combate serio al asunto, los narcos migren hacia otra plaza.  

Siguiendo el caso de Rosario y para cuantificar lo duro que es erradicar este flagelo cuando ya se perforaron todos los poderes del Estado para su instalación, ganar sólo una calle dentro de un asentamiento copado por narcos demandó más de un año de trabajo policial y social. Las organizaciones sociales encuentran cada vez más dificultades para moverse en los asentamientos y las muertes relacionadas con acciones de narcos se empezaron a sumar por decenas en todo el país. En la ciudad santafesina a razón de una por día.

Una queja común entre los agentes federales que trabajan en investigaciones de campo tiene que ver con la escasa predisposición de los magistrados para ordenar la desarticulación de kioscos de drogas, debido al pensamiento dominante sobre la importancia de sostener una investigación que llegue al origen de la droga. La estimación oficial es que la actividad de jueces y fiscales que apunten directamente al narcomenudeo permitirá cerrar más rápido las bocas de expendio, lugares vinculados territorialmente con asesinatos por ajustes de cuentas.

Otro cambio es que el Ministerio de Seguridad nacional asumirá todas las funciones que antes estaban reservadas a la Sedronar; esa dependencia sólo se ocupará de la tarea de recuperación de consumidores de drogas. En Seguridad se trabaja en la creación de un protocolo de acción para ser aplicado por las policías provinciales en casos de drogas. Es importante que exista un control sobre el accionar porque no son pocas las versiones ni los casos que confirman que dentro de la fuerza se ejerce también el negocio, ya sea vendiendo, omitiendo acciones o reteniendo parte de mercadería que se secuestra. 

Lo peor que se puede hacer es minimizar la penetración de la droga nuestro país; por haberlo hecho durante años, hoy nuestra realidad no es muy distinta a la que vemos por TV, en la serie de moda “El patrón del mal”, que retrata la vida y obra de Pablo Escobar Gaviria. Ese escenario ya nos es propio, a sólo una hora de viaje.

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