miércoles 10 de junio de 2026

El conflicto salarial docente escala y detrás vienen judiciales, salud y administración

19 de febrero de 2014 - 00:00

El clásico conflicto entre los docentes y el Gobierno bonaerense, cuando se abre la paritaria antes del inicio de clases es, en esta oportunidad, más complejo de resolver. La inflación ha hecho estragos en los salarios fijos y la administración provincial atraviesa momentos económicos muy duros. Esta combinación de ambas situaciones da como resultado una muy difícil negociación para este año.

El gobernador Daniel Scioli confía en que esta semana se solucione el conflicto salarial que mantiene con los gremios docentes. De esta manera, no se retrasaría el inicio del ciclo lectivo. Pero, en los hechos, no ha existido hasta el momento una propuesta formal de aumento ni una convocatoria a la mesa de negociación. Es decir que hasta ahora se trata de una guerra fría con “tiros por elevación” y suposiciones: por un lado, los docentes anticipan cifras, por el otro la Provincia dice que aguardará lo que acuerde Nación como tope.

Scioli opinó que es “natural” que los sindicalistas reclamen “lo más posible” por el ingreso de sus trabajadores. Y añadió: “Comprendo estas situaciones y las vamos a ir resolviendo en las reuniones de trabajo que esta semana vamos a tener con los distintos gremios”.

Pero las negociaciones, sin embargo, quedaron trabadas hace una semana, cuando se inició el diálogo entre el Poder Ejecutivo y el sindicalismo docente en la reunión “técnica no salarial”, tal como la definió el Ministerio de Trabajo. Los representantes gremiales de los maestros advirtieron que las clases no comenzarán el 5 de marzo si el Gobierno provincial no ofrece un aumento superior al 25 por ciento que se habló la semana pasada. Quieren al menos 10 puntos porcentuales más.

La presidenta de la Federación de Educadores Bonaerenses, Mirta Petrocini, dijo que el aumento salarial debería superar ampliamente el 35 por ciento debido a la terrible pérdida del poder adquisitivo provocada por la inflación. “Para vivir dignamente, una economía familiar hoy necesita por lo menos entre 8.500 y 9.000 pesos. Hoy, un maestro con 10 ó 12 años de antigüedad cobra 4.100 pesos”, agregó. Un término medio habrá que encontrar porque la pretensión de la dirigente, aunque real, no se da prácticamente en ningún sector de la economía, tampoco es lógico el básico que percibe un docente.

La dirigente gremial destacó que el salario mínimo es de 1812,80 pesos razón por la cual aseguró que los sindicatos aspiran a que en la nueva composición haya un fuerte incremento en el básico. He allí la clave del asunto: para los docentes implicaría mejores condiciones aunque no necesariamente más efectivo, para la Provincia una complicación por la carga social que implica “blanquear” aumentos en lugar de otorgarlos como sumas no remunerativas.

Ante la inminencia del calendario escolar y visto el estado de avance de las conversaciones, el titular de Suteba, Roberto Baradel, adelantó que “por la falta de decisión del Gobierno bonaerense” ve difícil que comiencen las clases el 5 de marzo.

Daniel Scioli dijo que no está dispuesto a afrontar subas salariales mayores al 25 por ciento. De manera que la confianza que muestra el gobernador en un acuerdo rápido esta semana es más voluntarismo que realidad.

El martes pasado, el Gobierno bonaerense reabrió paritarias con gremios docentes y estatales pero aseguró que no hará una oferta salarial formal hasta tanto la paritaria nacional docente fije el nuevo piso salarial.

La presidenta aceptaría subas de sueldos no mayores a un 25 por ciento, más allá de que el Gobierno puso un tope de 20 por ciento para los aumentos de salarios en general. Sin embargo, algunas provincias ya saltaron ese cerco y sentaron precedente.

No obstante, fuentes de la Gobernación bonaerense ratificaron que sólo discutirán sueldos una vez que el gobierno de Cristina Kirchner fije el piso salarial. Cerca del mandatario justificaron el optimismo de Scioli en alguna señal que pudo haber recibido de la Casa Rosada.

Mientras tanto, el secretario general de la Unión de Docentes de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Angel Díaz, alineado con Hugo Moyano, se sumó a la lista de quienes pusieron en duda el inicio del ciclo lectivo. “Las clases no van a empezar, hay una unidad muy férrea entre los compañeros de iniciar un paro por tiempo indeterminado”, advirtió.

Más tarde, Díaz dijo que reclama un sueldo básico de unos 6.400 pesos, cifra que consideró “racional y prudente”. “No estamos pidiendo cualquier cosa”, sentenció. En el plano de los reclamos, sería el más ajustado a la realidad posible.

Los porcentajes en pugna –y el calendario que acecha en este caso- complican un posible acuerdo. Y para Scioli, la cosa no acaba cuando cierre con los maestros sino que recién empezará: detrás vendrán los médicos y empleados de la salud, los judiciales y los administrativos, esperando sus paritarias y sus incrementos en un todo acorde a lo que obtengan los docentes que, de algún modo, marcan el derrotero.

Con una inflación real y oficialmente asumida, el problema no es de consensos sino de ausencia de fondos para cumplir con reclamos salariales más importantes.

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