martes 09 de junio de 2026

Venezuela y Ucrania: actitudes diferentes frente a incipientes guerras civiles

22 de febrero de 2014 - 00:00

A un con todas sus problemáticas, la Argentina vive en paz social; habrá piquetes, protestas varias, pero nada similar a las incipientes guerras civiles que se están viendo en Venezuela y en Ucrania, dos países con raíces e historias bien distintas. Pero ambos hoy padecen del mismo mal: la violencia entre conciudadanos, la represión por parte de las fuerzas de seguridad y los muertos.

Los enfrentamientos entre oficialistas y opositores en las calles de Venezuela, los achaques mutuos respecto de quién está detrás de las fuerzas de choque y la censura en los medios de comunicación para que los propios venezolanos no se enteren de lo que está pasando en las diferentes ciudades son las claras del desmadre de la “revolución” encarada por Chávez, en la nueva versión de Nicolás Maduro. 

El presidente está decidido a aplastar las protestas de estudiantes y opositores radicales, e intentando, a la vez, tapar las huellas de la violencia con la imposición de un “blackout” informativo al país y al mundo.

Hace nueve días, el gobierno ordenó sacar del aire por “cuestión de Estado” al canal colombiano NTN24, el único que informó en directo sobre la marcha del 12 de febrero. Más tarde bloqueó su Web y hackeó su cuenta en Twitter. Ahora quitó el permiso de transmisión de la CNN y retiró sus credenciales a sus cronistas. Pero la intervención ya no evidencia techo cuando se escucha a Maduro decir que cortará el acceso a Internet. Es que Twitter, principalmente, se ha convertido en un vocero sin identidad precisa lo que le dificulta a Maduro señalar y machacar al enemigo. No obstante es por ahora una amenaza, en los hechos hay distritos que denuncian la imposibilidad de conectarse a la Red de Redes; claro que el gobierno adjudica el inconveniente a problemas técnicos ajenos a su voluntad.  

Coartados como están los medios tradicionales, los propios ciudadanos graban las escenas de horror que se viven en las noches venezolanas y cómo son reprimidos con balas a mansalva; curiosamente todos los heridos de muerte recibieron disparos en la cabeza, por eso es común ver a los manifestantes salir a las calles con cascos. 

Analistas políticos sostienen que la persecución contra la oposición encolumnada detrás de Voluntad Popular acaba de empezar. Del otro lado, el presidente Maduro -que se dijo dispuesto a entregar su propia vida- aseguró que está “listo para declarar el estado de excepción en Táchira y meter los tanques, las tropas, la aviación, toda la fuerza militar de la Patria”. La pregunta es: ¿de qué Patria habla? No hay en este momento una Patria en Venezuela sino dos y no hay ningún patriota, de uno u otro lado, que busque el diálogo y una salida para evitar una guerra civil. Así las cosas, el pronóstico en Venezuela no es bueno.

Al otro lado del mundo, Ucrania se precipitó en el abismo, al vivir los días más sangrientos que se recuerde desde la época soviética, en una batalla política y campal que enfrenta a un gobierno cercano a Rusia con opositores inclinados por occidente. Pero allí, las cosas parecen encaminarse.

Por ahora, este país bisagra entre Europa y oriente se encuentra en el peor momento de incertidumbre de su historia reciente. La crisis comenzó cuando Yanukovych se reservó una decisión para firmar un acuerdo de comercio con la Unión Europea y en su lugar, volteó hacia Rusia.

Sin embargo, la lucha política ha escalado desde entonces más allá de un solo tema, incluyendo la presión de la oposición para reformas constitucionales y para remover del poder al presidente y al Parlamento.

Rusia ha puesto presión en Yanukovych para reprimir a los manifestantes, mientras que los líderes de Occidente le han pedido que muestre moderación, permitiéndoles más acceso al gobierno y dejar que el proceso democrático resuelva sus diferencias.

Los choques entre los manifestantes antigubernamentales -que protestan desde noviembre pasado- y la policía en el centro de Kiev se saldaron con unos 50 muertos. Pero la oposición advirtió que contabilizó el jueves contabilizó entre 70 y 100 muertos más por  el último enfrentamiento desencadenado el martes.

Para entender la problemática hay que recordar que desde mediados del Siglo XX hasta su independencia, en 1991, Ucrania formó parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss). Desde entonces, están quienes apuestan a acercarse al Moscú incipientemente liberal y los que se inclinan por Europa, netamente heterodoxa y capitalista.

Mientras Europa intenta seducir a Ucrania -un país de 46 millones de habitantes- con las bondades de su mercado común, Moscú no está dispuesto a dejar salir de su órbita a la exrepública soviética, que representa la segunda economía de la zona.

De modo que no sólo son los ucranianos los que protestan sino que fuertes intereses externos se están jugando en estos enfrentamientos en las calles.

La nueva represión disparó la alerta global, y el presidente Víctor Yanukovych se vio sometido a intensas presiones opuestas de la Unión Europea y Rusia. 

Tras la mediación de los ministros de Relaciones Exteriores de Francia, Alemania y Polonia, se arribó a un acuerdo precario entre ambos bandos que concluyó con la salida de Yanukovych de Kiev, no sin antes comprometerse a cumplir con tres demandas: nuevas elecciones presidenciales, un regreso a la vieja constitución y la formación de un gobierno nacional de unidad.

A su vez, el Parlamento aprobó una reforma que podría llevar a que la líder de oposición y exprimera ministra, Yulia Tymoshenko, salga de prisión. El 3 de marzo de 2010 fue destituida de su cargo y el 5 de agosto de 2011 fue arrestada por haber “violado en repetidas ocasiones su interdicción de salir de Kiev y obstruido la investigación que se llevaba a cabo en su contra” por mal desempeño, concretamente por haber firmado contratos de gas con Rusia, desvetajosos para Ucrania. El 11 de octubre de 2011 Timoshenko fue condenada a siete años de cárcel.

Analistas políticos dijeron que la condena se habría dado por razones políticas. Organizaciones internacionales y representantes de la UE y EE.UU. llamaron al arresto “una aplicación selectiva de la justicia dirigida a perseguir líderes de oposición y miembros del antiguo Gobierno”.

Ahora, con esta crisis, su figura resurgió y se convirtió en parte de las negociaciones.

Mientras los altos diplomáticos presionaron para la paz, jefes de Estado de occidente y de Rusia se telefonearon. El primer ministro de Gran Bretaña David Cameron habló con el presidente de Rusia Vladimir Putin; el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo lo propio con la canciller de alemania Angela Merkel. El vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden habló con Yanukovych. El presidente de Ucrania también ha estado en contacto con Putin y con el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-Moon.

Tal vez sea por los años de historia acumulados en comparación con las nuevas naciones americanas, pero lo que mayormente diferencia a Ucrania de Venezuela es el verdadero patriotismo de sus dirigentes, que entienden que son servidores del pueblo y por tanto deben procurar su mejor estar, aun a costa de que el modo no sea el que uno pretende. Es decir, sirven al pueblo y no a una idea y en ese plan escuchan, negocian y ceden, si es necesario.

Venezuela y Ucrania: dos realidades con similitudes pero con líderes muy diferentes.

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