viernes 26 de junio de 2026

Las frases del Papa: “El afán de dinero se pasó de rosca”

23 de febrero de 2014 - 00:00

El Santo Padre hizo propicia una nueva oportunidad para referirse al afán de riquezas de las personas. Para graficar el exceso de ambición, utilizó un vocablo casi “lunfardezco” propio de los argentinos.

 

El contexto de la frase 

El Santo Padre pronuncio esta frase en una de sus primeras intervenciones, y tiene el valor de una crítica al afán de riquezas que suele invadir a los hombres.

 

Las tentaciones del desierto

Nos narra el evangelio (Mateo 4, 1-11) que cuando el Señor Jesús estaba por culminar los 40 días de ayuno en el desierto, luego de los cuales comenzaría su ministerio público fue tentado por el demonio por medio de tres cosas que son el prototipo de las tentaciones que padecen los hombres: el placer, el poder y el tener. Esta última es la que representa propiamente la tentación de la riqueza. El texto bíblico expresa que el demonio le hizo ver todos los reinos del mundo, con todo su esplendor, diciéndole: “Te daré todo esto si te postras para adorarme”. Pero Jesús, acudiendo por tercera vez a un texto bíblico del antiguo testamento, le dijo: “Retírate Satanás, porque escrito está ‘adoraras al Señor tu Dios y sólo a El rendirás culto’”.

 

Universalidad del deseo 

Esto significa que toda persona de una u otra forma suele tener esta tentación de las riquezas y por tanto este asunto pasa a ser un tema a resolver. El ofrecimiento del demonio llevaba implícito que Jesucristo lo adorara a él y que, por tanto, perdiese la conexión con Dios, con lo cual hubiese quedado esclavizado ante el demonio. Muchas veces les hago a los niños de catecismo la clásica pregunta: “¿Qué querés ser cuando seas grande?”. Y muy pocas veces responden querer ser un trabajador como su padre. Y en general aspiran a ser como el futbolista, el artista o el deportista más rico y famoso.

 

La verdadera grandeza

Más importante que la consideración u opinión de los hombres, es lo que podamos ser tenidos delante de Dios y acorde al Evangelio. Otro será el código de valores. Y entonces, en vez del deseo de grandeza económica que con facilidad se hace presente en las personas, estará el deseo de cumplir en la propia vida los consejos evangélicos de Jesús, sobre todo el primero de ellos que promueve a la pobreza como valor del reino. Buscando el seguimiento de Cristo aparecerá el valor de la pequeñez para entrar en el Reino de los Cielos, con el común denominador de la humildad que, para los autores de espiritualidad, es la madre de las virtudes.

 

Los verdaderos tesoros

Siempre es bueno recordar la recomendación de Jesús de no acumular tesoros en la Tierra, donde la polilla y el oxido los corrompen. En cambio los tesoros que se acumulan en el Cielo perduraran ante Dios. Estos últimos tesoros provienen de las buenas obras, el renunciamiento, el perdón, el servicio y todo el tiempo que hayamos dedicado a los demás.

 

“Pasarse de rosca”

Aunque los bienes materiales son un don y una gracia de Dios, sin embargo el hombre puede desviar el verdadero sentido y transformarlo en su fin último llegando al pecado de avaricia, que consiste en que el dinero sea el único y absoluto objetivo de sus actos en la vida.

La expresión del Santo Padre refiere a que, cuando uno está apretando una tuerca y llega a sobrepasar su punto máximo, y sin embargo quiere seguir apretando, llega en un momento en que la rosca se zafa, queda arruinada y ya no sirve mas para cumplir su misión. Por quererlo todo, se termina perdiéndolo todo.

 

Para que no nos pase

Tomando la vida del Señor Jesús como ejemplo, nunca llegaremos a “pasarnos de rosca”. Esto significa la moderación en el uso de los bienes que Dios pone para nuestra felicidad. Nunca los bienes materiales han de hacernos agrandar la pequeñez que tenemos delante de Dios. Dios siempre debe ser el centro y objeto ultimo de nuestra vida.

 

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Mucho ha hablado su santidad el Papa Francisco acerca del valor de la solidaridad. Se trata de un valor que brota del corazón del mensaje de Jesús, que se hizo solidario con los hombres compartiendo la condición humana para, de ese modo, ser el camino y la huella segura que los hombres puedan seguir. Por solidaridad asumió la deuda que el género humano tenia con Dios a causa del antiguo pecado de Adán y Eva. Por solidaridad dio su vida por nosotros. El compartir los bienes surge no sólo de un corazón generoso sino de quien se encuentra lleno de Dios.

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