viernes 17 de abril de 2026

El escándalo de las mujeres sin corpiño que abrió una nueva grieta

4 de febrero de 2017 - 00:00

S iguen los ecos del escándalo que se produjo en la Costa Atlántica con algunas mujeres que tomaban sol en topless, una costumbre claramente arraigada ya en Europa y el Caribe. Pero en la Argentina varias familias llamaron a la Policía para que desalojen a las “impúdicas”. 

Al fin las tres mujeres que hacían topless en Necochea desataron un debate legal y lo ganaron, ya que la Justicia las avaló no considerando que lo que habían hecho fuese obsceno. En principio porque el juez valoró la situación como “no obscena” que es lo que la ley marca como prohibido, aun cuando sus límites son difusos. Más cuando somos una sociedad que muestra permanentemente cuerpos desnudos. En la televisión, en las revistas. Cuando aparecen chicas casi sin ropa en el programa de Marcelo Tinelli o si se publican imágenes de una modelo, a ese topless o esas colas con “hilo dental” que están claramente sin taparse se las califica de infartante. Concretamente lo que se debe establecer con una mente amplia y sana, es cuál es el límite de lo que se puede o no mostrar en la playa y en la calle en general. Dónde se ofende el pudor y se ingresa en la obscenidad a que apunta el Código Penal. Y esto corresponde al legislador, el que debiera adelantarse a los acontecimientos tratando de esclarecer los huecos que puedan existir en las leyes.

Esto permitirá que en todo caso nadie deba horrorizarse porque se exhibe un pezón en la playa, lo que a priori podría parecer excesivo. O bien la norma indica que ese límite no debe pasarse y ya es responsabilidad de quien se exhibe por fuera de la ley y asumir las consecuencias. Más de un pensador argentino, como han reflejado los grandes medios nacionales, consideró una hipocresía que haya quienes se horrorizan frente a un pecho y no porque uno de cada cuatro niños vive con necesidades básicas. Es una comparación que depende de la mirada de cada uno respecto al tipo de sociedad donde quiere vivir.

Esta cuestión, como todo lo que se debate en nuestro país, genera una grieta y ante la decisión de tres mujeres de tomar sol sin corpiño en la playa, algunos creen ver una provocación sexual y otros una reivindicación de los derechos femeninos y la ausencia de normas al respecto no hacen más que empecinar a cada sector en sus argumentos.

La realidad es que solo se trata de tetas, una palabra que a más de uno le hace un innecesario ruido. Sirven para amamantar y tienen alguna connotación sexual no necesariamente obscena como consideró el juez que trató el caso y dio la razón a las mujeres que habían echado de la playa. Los estereotipos masculinos como este refuerzan la idea de que los pechos no son patrimonio de quien los porta o de quien los usa, sino de quien los ve o, en todo caso, de la humanidad. “Uno siempre tiene la libertad de mirar para otro lado. Es sencillo”, apuntó Mario Juliano, el juez penal que convalidó que el topless de las mujeres en Necochea no violaba ninguna ley.

El colmo de la mirada con cierta perversión ocurrió el año pasado cuando dos mujeres policías le pidieron los documentos a una madre que amamantaba a su bebé en la plaza de San Isidro y le exigieron que se retirara. Argumentaron que había una ley que lo prohibía. Consideraban que se trataba de una “exhibición obscena”, tal como castiga un artículo del Código de Faltas bonaerense, redactado en 1973 y que está mencionado en el Código Penal. El caso despertó el rechazo popular, porque quien cree ver una obscenidad en una mamá que alimenta a su hijo debiera ir rápidamente al psiquiatra. El rechazo a la actitud policial fue visible e importante y como contribución, no específicamente a la Argentina sino al mundo en general, el Papa Francisco hace algunos meses intentó desterrar esa visión sexualizada del pecho que amamanta. En una misa en la Capilla Sixtina, donde había una gran cantidad de bebés que habían sido bautizados, animó a las madres a alimentar a sus hijos mientras él hablaba.

Es realmente una locura considerar que una mujer que da de mamar a su bebé en una plaza está provocando sexualmente o dando una imagen obscena. 

Los legisladores, insistimos, son quienes deben explicar qué se entiende por exhibición obscena, establecida en el Código Penal, porque la realidad es que la mayoría de las denuncias que se presentan en las fiscalías por este tema son por personas que se masturban y acosan a otras. Son muchos los juristas que consideran que la calificación de “obsceno” debería reemplazarse por otra que especifique aquello que está prohibido y no que preserve de forma generalista una moral sexual prevalente. Porque las leyes deben ser claras en lo que permiten, pero a su vez ser inclusivas de la cultura y las costumbres de una sociedad. Y la verdad es que hemos ido evolucionando desde que la sola aparición de mujeres en bikini en Mar del Plata a mediados del siglo pasado infartó a más de un padre y madre de familia. Ya que hasta esa época las mujeres exhibían casi nada de piel, apenas de la pantorrilla para abajo, el cuello y desde los codos a la mano. 

El camino recorrido y los cambios sociales han sido muchos y la ley debe registrarlos, sobre la base de los límites que consideren que las grandes mayorías exigen y no las minorías más oscurantistas. Ya que la norma no solo es para la playa y la calle sino también para las redes sociales, donde se pueden publicar personas deformes, animales descuartizados y todo tipo de horrores sobre los que no parece haber  ningún control. En cambio suspenden a los usuarios, penalizándolos por varias horas sin poder postear, que publiquen mujeres sin corpiño aunque sean extraídas de la tapa de una revista.

 

La ley es muy necesaria, evidentemente, en un país donde parece que nada se da por sobreentendido.

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