El crimen, calificado como uno de los más graves de la historia reciente de América Latina, ha supuesto la peor crisis desde que Peña Nieto asumió el poder en 2012, con masivas protestas por todo el país. Los padres se niegan a creer y piden pruebas.
AYOTZINAPA, Mexico, (AFP-NA) - Por Carola Solé. México amaneció ayer horrorizado por la posible masacre de los 43 estudiantes desaparecidos confesada por narcotraficantes detenidos, una atroz revelación que los padres se niegan a creer hasta que haya pruebas.
Tras casi un mes y medio sin noticias claras sobre los jóvenes, la Fiscalía General difundió el viernes la escalofriante declaración de tres sicarios del cártel Guerreros Unidos que declararon haber matado a los estudiantes y quemado sus cuerpos en un fuego de 14 horas para luego arrojar sus restos calcinados a un río.
Hasta ahora, la Fiscalía solo había logrado reconstruir parte del crimen que arrancó la violenta noche del 26 de septiembre en Iguala (Guerrero, sur), cuando policías locales atacaron a alumnos de la combativa escuela de magisterio de la cercana comunidad de Ayotzinapa por orden del alcalde, que quería evitar que sabotearan un acto público de su esposa, hermana de narcotraficantes.
En esos ataques fallecieron seis personas y desaparecieron los 43 alumnos, la mayoría de entre 18 y 21 años, que fueron entregados por policías a sicarios de Guerreros Unidos.
El crimen, calificado por Human Rights Watch como uno de los más graves de la historia reciente de América Latina, ha supuesto la peor crisis desde que el presidente Enrique Peña Nieto asumió el poder en 2012, con masivas protestas por todo el país.
Para el historiador Lorenzo Meyer, ahora lo importante es cómo va a reaccionar la sociedad mexicana. ¿Va a seguir tan apática como por años lo fue? ¿Tan acostumbrada a que así son las cosas?.
El estado de shock espero que no sea solo mío, sino que sea compartido por mis conciudadanos. Si esto no produce un shock entre nosotros, ya nada lo puede producir, dijo Meyer a la prensa.
Más de 80.000 personas han sido asesinadas en México y otras 22.000 han desaparecido desde que el expresidente Felipe Calderón lanzó el combate militar contra los cárteles en 2006. La gran mayoría de esos crímenes están impunes.
En la escuela de Ayotzinapa, los agotados padres de los estudiantes son los primeros en prometer no bajar la guardia ante el nuevo giro en las investigaciones al que no dan crédito.