domingo 15 de febrero de 2026

Karina Gorordo: en el aula y en la gestión una docente comprometida con las causas justas

Abrazó la docencia de la mano de su pasión por la historia. Ejerció como profesora y más tarde asumió la conducción de la Escuela Secundaria N° 15.

15 de febrero de 2026 - 07:18

Karina Gorordo nació en Pergamino y creció en la zona del Cruce de Caminos, en calle Catamarca entre Mar del Plata y Ecuador, junto a su mamá Olga Suárez y a su hermana Andrea. “Mis padres se separaron cuando yo tenía 7 años. Fue bastante difícil en ese momento porque en la década del 70 no muchas parejas se separaban, pero seguimos manteniendo relación y con el tiempo él formó otra familia”, relata en el inicio de la entrevista en la que traza su Perfil Pergaminense.

La charla transcurre en la intimidad de su hogar, en un comedor acogedor, conectado con un living colmado de libros y objetos que dicen mucho de ella y de su compromiso con causas justas. En ese marco, cuenta que tuvo una infancia de barrio, con mucho juego en la calle. “En la cuadra los chicos teníamos más o menos la misma edad, jugábamos en las vías del ferrocarril Belgrano, éramos menos chicas que varones, así que jugábamos a la pelota y a otros juegos más de varones que de chicas”.

Siempre fue buena amiga e incondicional para los suyos. Fue al jardín de infantes y a la escuela primaria en el Hogar de Jesús e hizo el secundario en el Instituto Gianelli. “Egresé en 1988, en la época en que era una escuela solo de mujeres”, agrega.

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Embed - Diario LA OPINION on Instagram: "Abrazó la docencia desde chica, cuando jugaba a ser maestra, y convirtió esa vocación en una trayectoria marcada por el compromiso, la historia y los derechos humanos. Karina Gorordo se jubiló tras años como profesora y directora de la Escuela Secundaria N° 15 de Pergamino, dejando una huella profunda en la comunidad educativa. Nacida y criada en el barrio Cruce de Caminos, descubrió su pasión por la Historia mientras cursaba el magisterio. Desde entonces, construyó un recorrido que incluyó su paso por el Colegio Nacional, donde trabajó en el programa Jóvenes y Memoria investigando sobre los detenidos desaparecidos de Pergamino, y también por Icade, antes de asumir roles de gestión en la escuela pública. Como directiva, impulsó una conducción de puertas abiertas, basada en la presencia, la escucha y la construcción de confianza. Siempre comprometida con las luchas colectivas y la justicia, hizo de la coherencia y el ejemplo su sello personal. Hoy, jubilada, inicia una nueva etapa que la encontrará más activa en la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos, con ganas de hacer teatro, viajar y seguir militando. “El legado es el ejemplo”, sostiene, convencida de que la docencia es una profesión que transforma. Leé el Perfil Pergaminense completo en www.laopinionline.ar"
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Una vocación temprana

Supo tempranamente que amaba la docencia y el juego infantil de alguna manera le marcó el camino: “De chica jugaba a la maestra con las muñecas y con mi hermana que tiene cuatro años menos. Yo siempre era la maestra”.

Tras un intento de estudiar medicina en Rosario, siguió el impulso de aquella vocación inicial y se inscribió en el Instituto de Formación Docente y Técnica N° 5, donde obtuvo el título de maestra jardinera.

“Nunca ejercí, porque estudiando el magisterio me empezó a gustar la historia. Comencé el profesorado en el Instituto de Formación Docente N° 122 y descubrí la que fue mi profesión desde entonces, ser profesora de Historia”, señala.

Un recorrido comprometido

Su carrera le permitió un nutrido recorrido profesional rico en experiencias. “Inicié tomando horas en distintos colegios y haciendo suplencias cortas. En el año 1998 hice una pausa porque me fui a vivir a España durante algunos meses con quien fue mi esposo y el padre de mis hijos. Sinceramente no me adapté, extrañaba mucho, así que regresé y al año siguiente empecé a trabajar nuevamente y no paré más hasta hace algunas semanas que me jubilé”, relata.

La cronología recrea su paso por distintos establecimientos educativos. “Trabajé durante nueve años en el Colegio Nacional. Allí conformamos un grupo de profesores con el cual comenzamos a trabajar en el Programa Jóvenes y Memoria. Fue en 2001 y representó una experiencia sumamente rica y comprometida. Empezamos a investigar sobre los detenidos desaparecidos de Pergamino. Fue muy importante ese trabajo y lo que aprendí, a través de distintas capacitaciones en la Comisión Provincial por la Memoria, me permitió formarme en derechos humanos y delinear el perfil de la docente que después fui”.

“Siempre me convocó el tema de la justicia y las luchas colectivas”, refiere. Y continúa: “Los adolescentes son así, las injusticias los sublevan y es como que esa parte de mi adolescencia no la perdí. Siempre fui bastante rebelde y las injusticias me ponen mal”.

Esa apreciación la define en uno de los aspectos de su personalidad más marcados: su determinación a pararse siempre del lado de la justicia y alzar la voz frente a aquellas cuestiones que vulneran derechos colectivos.

Su paso por Icade y la gestión educativa

En el año 2005 ingresó a trabajar en Icade como profesora de Historia. “Para mi es un colegio formador que está siempre un paso adelante, fue muy enriquecedora la experiencia y mucho de lo que aprendí en ese modelo institucional, pude volcarlo a la escuela pública”, refiere destacando la coherencia como un atributo indispensable para el ejercicio de la docencia.

“Trabajé en esa institución hasta febrero de 2025”, señala comentando: “Ya había empezado a dejar horas cuando tomé la vicedirección y más tarde la dirección de la Escuela Secundaria N° 15”.

Fue vicedirectora de ese establecimiento hasta el año 2021 en que ascendió jerárquicamente a la dirección. “Ese fue el cargo que ocupé hasta que me jubilé en enero”, sostiene recreando el desafío que supuso la gestión educativa.

Tanto en la vicedirección como en la conducción del colegio le puso a la tarea su impronta. “Fue un desafío diferente al de la docencia, en el aula como profesor te enterás solo de lo que pasa allí. No tomás dimensión de lo que supone la gestión. Gestionar implica una responsabilidad de naturaleza diferente”, recalca y destaca que siempre intentó que la dirección fuera un espacio de puertas abiertas.

Ello fue la resultante de haber trabajado de manera incansable en la tarea de construir confianza, de legitimar su tarea cotidiana con dedicación y de ser ejemplo. “Estuve pendiente de la escuela durante las 24 horas de todos los días. Fue una fuerte responsabilidad. Me desvelaba que todo estuviera bien, que las cosas funcionaran y que no se formara una escuela paralela, yo me ocupaba con mucha presencia física de marcar ese espacio y de ejercer un liderazgo que no hubiera sido posible sin el compromiso incondicional de la comunidad educativa de la escuela”.

“Agradezco el acompañamiento de mis pares, del equipo de orientación escolar, profesionales de mucha experiencia como Carina Montana y Mónica Padula; al equipo de preceptoras y preceptores y a Cristina Conti, mi secretaria”, precisa y rescata el vínculo con los estudiantes que tanto le han enseñado.

Una nueva etapa

Construyó su autoridad sobre la base de su presencia sostenida, y como consecuencia de ese hacer congruente con su concepción de la tarea de enseñar y de gestionar, fue respetada por estudiantes, familias y pares. Trabajó a destajo y en un momento sintió que era el momento de iniciar una nueva etapa. A partir del 31 de enero la jubilación le abrió las puertas de un tiempo más alejado de ciertas responsabilidades.

“Fue una decisión que me costó tomar, pero asumí que era tiempo”, refiere y la conversación se introduce en aquellas cosas que planea hacer. “Integro la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino, que a su vez es parte del Espacio por la Memoria Ex Comisaría Primera. Ahí hay dos espacios a los que pienso dedicarles más tiempo”.

“También me gustaría incursionar en el teatro, una asignatura pendiente, y viajar con más libertad. Además, me gusta la política y la militancia”, agrega

Su universo privado

En lo personal, Karina es mamá de dos hijos: Homero (24) y Astor (13). “El mayor estudió Higiene y Seguridad y va a hacer la licenciatura. Y el más chico está en tercer año del secundario. Ambos viven en casa”, comenta.

Desde hace cinco años está en pareja con Leo Velazco, periodista. “Convivimos y somos muy respetuosos del tiempo e intereses del otro. Leo tiene dos hijas que viven en el exterior y yo tengo hijos que ya están grandes. Ambos respetamos los espacios de nuestra maternidad y paternidad y nos complementamos muy bien para vivir”, afirma, sabiendo que el respeto es la llave de cualquier vínculo perdurable.

Su tiempo libre es de familia y sabe cultivar relaciones verdaderas. “De la educación me he llevado relaciones que valoro, que conocido mucha gente. En el profesorado conocí a quien es mi amiga, Marta Epelbaum, hemos transitado juntas la vida desde entonces”.

Desde otra perspectiva

Es consciente que haberse retirado de la actividad laboral pone en juego la tarea de construir para ella misma otros tiempos. Le entusiasma la idea. “Mi trabajo era muy importante para mí y siempre le dediqué mucho tiempo. Seguramente voy a extrañar, pero me voy muy agradecida”, remarca sabiendo que dejar atrás la urgencia laboral, abre la posibilidad de mirar la vida desde otra perspectiva.

“Como alumna o como docente he pasado buena parte de mi vida institucionalizada”, bromea sobre el final. Y abre una reflexión que la define en su modo honesto de concebir la docencia y la vida: “He ejercido una profesión que transforma. Y creo que el legado que deja cualquier docente cuando se retira es el de honrar la tarea siendo ejemplo. El legado creo que es el ejemplo. Hay que poner el cuerpo en la docencia, tener una escucha receptiva porque la problemática de la salud mental y emocional de las chicas y chicos irrumpe en la escuela e interpela a los docentes y a la sociedad. Nadie puede eludir esa realidad ni correrle el cuerpo a esa tarea”.

“Creo que como directivo dejé una escuela abierta e inclusiva. Ojalá que siga con esa impronta. La tarea es cuidar también al docente, fortalecerlo, porque si bien la educación tiene mucho de vocación, también es una profesión pública y nos debemos a eso”, concluye, esta mujer que sabe que nunca se deja de ser docente y que, cerca o lejos del aula, se sigue teniendo esa mirada sensible y empática de lo que sucede a su alrededor y esa impronta siempre dispuesta a hacer todo lo posible por transformar las realidades injustas.

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