Marita Conti (Diálogo Pergaminense) de Frente Renovador+PRO, Gabriela Taruselli de Unión Progresista, Lucio Tezón y Andrea Bosco de Frente Renovador+PRO y Gabriel Cairat del Frente para la Victoria dialogaron con el Diario.
Marita Conti
Estamos viviendo una crisis económica, financiera y política que impacta directamente sobre los sectores más vulnerables. Muchos de los discursos políticos se diluyen cuando hacemos las compras, por ejemplo, y notamos día a día los incrementos en los precios de los productos. Esta economía necesita, de manera urgente, un plan integral antiinflacionario, terminar con una política “de parches” y hacer un trabajo de sinceramiento sobre la situación actual. Necesitamos hacer un “stop”, analizar la realidad, ver dónde estamos parados y establecer reales medidas para frenar la inflación que perjudica a los ciudadanos, a los trabajadores que día a día notamos la devaluación de nuestros billetes.
La política nacional impone siempre su visión, un criterio que no tiene correlato con la realidad.
La política “de parches”, este decir y desdecirse, esta generación de incertidumbre, pone al ciudadano común en una situación de vulnerabilidad total, en un estado de desprotección cuando en realidad el Gobierno debería bregar por una mejor calidad de vida de quienes trabajamos, pagamos los impuestos y estamos deseosos de proyectarnos.
Gabriela Taruselli
Considero que el mayor problema no es la devaluación sino la inflación y la poca voluntad de parte del Gobierno de establecer una política antinflacionaria. Si se trata de establecer una devaluación competitiva debe hacerse dentro del marco de una política antinflacionaria porque, de lo contrario, sabemos que la devaluación apareja más inflación.
A través de estas nuevas medidas se está generando una restricción del circulante, aumentando las tasas de interés pero estas disposiciones restrictivas de lo monetario pueden generar una desaceleración económica hasta llegar a un nivel de estancamiento, con los riesgos que esto significa para una economía.
La mayor expectativa del plan está puesta sobre las liquidaciones de exportaciones para generar un incremento y un impacto positivo sobre las reservas, y esto significa que grandes productores, acopiadores y exportadores, tendrían que salir a vender a este dólar más competitivo en el mercado.
En lo local considero que las medidas tendrán un impacto positivo, sobre todo en el mercado agropecuario dado que los productores llevaron adelante la producción a un costo menor del dólar respecto del actual. Esto es importante pero también sabemos que el refugio de los ingresos que está teniendo el sector agropecuario ha impactado sobre los precios, en particular de los inmuebles en nuestra zona. Es de esperar más incrementos en este rubro, que sin lugar a dudas, tiene una base de precios dolarizada. Pero me parece que los más vulnerables, ante esta situación, son los asalariados. Es fundamental que las nuevas disposiciones vayan acompañadas de un plan antinflacionario.
Los sectores asalariados y aquellos que fueron incorporados por los programas sociales por el Gobierno nacional, son los que sufrirán el impacto porque el salario fijo absorbe el crecimiento de los precios. Esto se nota en la cotidianeidad. Los precios se incrementaron y eso está a la vista. El programa de precios cuidados rige en Capital Federal y en el Conurbano bonaerense pero no funciona en el interior del país.
En la medida en que el Gobierno no logre convencer a los ciudadanos de que se trata de una devaluación competitiva y no se apliquen nuevas medidas para frenar la inflación, en un par de meses, el dólar subirá su costo y el peso argentino continuará devaluándose. Y esto es un revés para lo que el Gobierno decía como su mayor política: la inclusión social de los sectores vulnerables y trabajadores.
Ante este escenario, la discusión salarial será muy compleja dado que se deberá establecer un mínimo porcentual para discutir salarios considerando la inflación real. Desconocer esta situación e instaurar una medida restrictiva es insuficiente.
Lucio Tezón
Creo que esta situación sorprendió a todos los ciudadanos. Soy un convencido de que la economía necesita confianza y previsibilidad, sin esas dos características es difícil activar y mantener un flujo económico estable. El ministro de Economía, Axel Kicillof, en una actitud cuasi vengativa hizo una devaluación con un plan que se acaba en la misma devaluación. Pero el verdadero problema de la economía argentina, hace mucho tiempo, viene siendo la inflación.
Cuando se establecen disposiciones imprevistas se genera nerviosismo, se alteran los precios, no hay inversión, reina la incertidumbre, existe el temor entre los ciudadanos porque éstos no saben el real valor de su haber mensual, por ejemplo.
Luego de la devaluación, sobrevino el falso levantamiento del cepo al dólar. La divisa norteamericana no se comercializa libremente y depende de una modalidad arbitraria de la Afip que ahora establece ciudadanos de primera y de segunda, es decir, el que puede y el que no puede comprar, los que ganan más de 7.200 pesos pueden adquirir dólares mientras que los que no llegan a tener ese sueldo no pueden acceder a la moneda extranjera. No entiendo porqué algunos ciudadanos pueden ahorrar en una moneda fuerte y otros tienen que ver cómo su ahorro se deprecia día a día.
Creo que el Gobierno ha perdido el rumbo económico, que dispone medidas “en el aire” para salir de la situación pero que no hay un plan económico real, efectivo y claro que permita a los argentinos proyectar y tener una buena perspectiva a futuro.
Andrea Bosco
Es aún mayor el desconcierto de los trabajadores que ven cómo se devalúa su moneda, su sueldo. Soy docente y aún no se abrieron las paritarias. Vamos a llegar a marzo sin un acuerdo, como pasa todos los años, y aún no podemos establecer un piso mínimo porcentual para empezar a discutir.
Siempre somos los trabajadores los que debemos vivir al día mientras nadie nos protege, nadie nos cuida.
Gabriel Cairat
Como medida básica económica es un clásico ajuste de la medida de cambio que era un reclamo de todos los sectores. Desde hace algunos años se viene trabajando en la sustitución de importaciones, que en definitiva resuelve el problema estructural del mercado de divisas que tiene el país. Cuando se produce un ajuste del tipo de cambio como estos, se empieza a dar una puja, por un lado entre sectores económicos que pretenden una mayor devaluación y también entre los sectores de la producción y del comercio que pretenden mejorar su rentabilidad. Esto produce un deslizamiento de precios sobre el que el Gobierno está trabajando diariamente controlando la inflación. También, a pesar de que se critiquen los niveles de reservas que tenemos, esta administración tiene los niveles de reservas suficientes, y se toman otro tipo de medidas tendientes a administrar el tipo de cambio. A esto se agrega que tenemos por delante un proceso de paritarias en el que los resultados de las negociaciones dependerán de este deslizamiento de precios. No creo que las negociaciones sean menos o más complicadas, forman parte de una puja de intereses en el que se tienen en cuenta los intereses de los trabajadores.
Creo que en los próximos días, a partir de lo que genera esta devaluación, se van a equilibrar las variables hasta alcanzar la estabilidad con un dólar más competitivo del que teníamos.
Me queda claro que no es un ajuste ortodoxo, que restringe el gasto para frenar el proceso inflacionario. Hoy se están generando otras medidas para controlar los precios. Amén de estos cambios debemos hacer referencia al plan Progresar que apunta a mejorar la educación de los jóvenes y desde el punto de vista de lo macroeconómico significa continuar con la expansión del consumo, equilibrando la economía con un dólar a precio competitivo y acelerar el proceso de sustitución de importaciones.