En síntesis, sucede lo siguiente: hasta los 17 años los chicos no pueden ingresar a locales de esparcimiento nocturno donde hay mayores y se comercializa alcohol. Se trata de jóvenes que iniciaron su vida social bailable entre los 12 y los 13 con tertulias hasta las medianoche, luego transitaron un año o más de cumpleaños de 15 hasta el amanecer y cuando esta etapa está cumplida, se encuentran con 15 ó 16 años sin la posibilidad legal de ir a bailar a un lugar público, salvo que sea una especie de matiné que reúna solo a menores de 17 años, cuyo horario de finalización ronda nuevamente la medianoche. Cronológicamente se plantea una inconsistencia, ya que luego de haber disfrutado la noche hasta el amanecer, son obligados, por un año, a terminar la velada a las 0:00 y compartirla con niños de 12 a 14 años, que están en el ciclo previo a los cumpleaños de 15.
Esta necesidad insatisfecha que encuentran estos jóvenes (y que es además problemática para los padres) funciona como disparador de situaciones mucho más graves que lo que potencialmente implicaría dejar que estos chicos ingresen, como lo hacían antes, al boliche con gente de todas las edades. Para el caso de Pergamino, recordemos que Specktra o Bohemia Pop (por citar algunos grandes espacios) eran boliches para toda la juventud, como luego lo fueron también emprendimientos más pequeños como los que funcionaron en el exCine San Martín o en locales de la Avenida de Mayo. Algo similar sucedió con la llamada ley Duhalde que imponía un toque de queda a las 3:00 en invierno y 4:00 en verano con el fin de minimizar los riesgos y excesos. Finalmente trajo más perjuicios que beneficios puesto que los chicos salían de un espacio seguro y no volvían al hogar sino que quedaban deambulando en las calles a la merced de todo tipo de peligros o se reunían a seguir bebiendo en casas particulares. Lo peor: salían de madrugada a seguir de baile en General Gelly, Santa Teresa o Peyrano, que no estaban alcanzadas por las leyes bonaerenses.
Ni niños ni adultos
Los adolescentes de 15 ó 16 años se sienten grandes para la matiné pero tienen el acceso prohibido a bares, pubs, lugares nocturnos en los que se permite el ingreso a los mayores de 17 años. Vale en este punto aclarar que la letra fría de la Ley de Nocturnidad exige que se permita el ingreso a los mayores de 18 años pero en nuestra ciudad, desde hace algunos años, se ha flexibilizado esta opción y el acceso puede realizarse a los 17.
Los que recién ingresan a la adolescencia, aquellos que tienen entre 13 y 14 años, tienen un deseo más controlado debido a que son invitados en diferentes cumpleaños de 15. Pero una vez atravesada esa edad, comienzan los problemas ya que a los 16, los llamados bolicheros no les permiten el acceso a sus locales.
Decíamos antes: Hecha la ley, hecha la trampa y, curtidos por tanto chocar con el mismo problema, los adolescentes han encontrado la forma de lograr su cometido: adulteración de DNI. Incluso con conocimiento de sus padres que entienden que es mejor que su hijo esté en un lugar cerrado, con normas de seguridad y con acceso limitado al alcohol que bollando de fiesta en fiesta privada o en previas en casas de desconocidos que terminan al amanecer, acompañadas de alcohol acopiado entre todos los participantes. Incurrir en un delito a temprana edad y estar en contacto con el alcohol sin ningún tipo de control son algunas de las situaciones graves que se generan a partir de la existencia de una ley que, aunque pensada para proteger, por su divorcio con la realidad, termina desprotegiendo a nuestros adolescentes. Hete aquí aquello de peor el remedio que la enfermedad.
Matinés sin éxito
Cada fin de semana cientos de jóvenes tienen motivos para reu-nirse y celebrar en compañía de amigos. Las salidas en el último año de secundaria se plantean como ineludibles ante la inminencia de una separación para encarar la vida adulta y justamente este sector es el más afectado ya que es común que en un mismo sexto año haya chicos con 16 y 17 años.
Este escenario pone en jaque no solo a los adolescentes que reclaman a gritos un espacio acorde y legal para divertirse sino también a sus progenitores que no saben cómo manejar la situación.
Un tiempo atrás un grupo de empresarios de la noche organizó matinés, para que los chicos de hasta 17 pudieran ir a bailar. Con inicio alrededor de las 21:30, el Municipio permitía su desarrollo hasta la medianoche. El punto fue que los chicos y chicas de 16 años no veían con buenos ojos juntarse con los de más corta edad, los de 13 ó 14, por ejemplo. Recordemos además que venían de estar bailando hasta el amanecer con los cumpleaños de 15, por lo que volver a casa a las 0:00 no era para ellos una opción de interés. Esta distancia entre lo legalmente posible y lo que pretenden los chicos motivó que los eventos del tipo matiné dejaran de funcionar en Pergamino.
Fiestas privadas
Cuando hay una necesidad insatisfecha, hay una oportunidad comercial. Captando los deseos de los adolescentes que no pueden ingresar a los boliches, un grupo de jóvenes ideó las ponderadas fiestas privadas. Ante la aplicación de la Ley de Nocturnidad, de los topes horarios, y de la prohibición de vender bebidas con alcohol a los menores de 18 años, los adolescentes autogestionan su propia diversión: organizan sus propias fiestas en quintas o en casas particulares. Algunos con el sentido de compartir con conocidos, otros con fines recaudatorios.
A diferencia de los tradicionales boliches, en estos sitios no hay restricción horaria, no existen los patovicas ni el orden, y prevalece lo que comúnmente se conoce como canilla libre.
Las fiestas se organizan en quintas y casas particulares. Las convocatorias se difunden por Internet, mensajes de texto, redes sociales, la mejor publicidad es la de que va de boca en boca. Esta nueva estrategia se impone en la ciudad, y es exclusiva de los menores.
Muchas fiestas de estas características han sido suspendidas en los últimos meses debido a que son altamente peligrosas por la falta de control. Además, la realización de estos eventos es repudiada por los empresarios bolicheros que cumplen con las obligaciones establecidas por la ley y que encuentran en ellos una competencia desleal.
En los últimos meses se han realizado controles rigurosos, muchos originados en denuncias de vecinos o alertados por la circulación de información en las redes sociales, dando resultados positivos para las fuerzas de seguridad dado que procedieron a la clausura.
Aunque siempre la noticia está dada por los excesos, por aquello que falló, lo cierto es que hay control en los boliches pergaminenses: todos están habilitados en cuanto a condiciones de seguridad y son rigurosamente multados si encuentran en su interior a menores. Pero el control se diluye hacia el resto del Partido, por ello otra vía que pergeñaron los jóvenes para hacer su noche es la de ir a pubs y locales en pueblos del Partido. Ello implica un gran riesgo adicional, como lo es la ruta. Y en torno a esta modalidad, aparecieron oportunistas que montaron un negocio de fin de semana haciendo traslados hacia estos destinos en coches o combis fuera de todo control.
Sin solución
Los espacios para salir han quedado conformados para mayores y los menores de edad se sienten perjudicados por el accionar de la ley y por los rigurosos controles que se implementan en los últimos tiempos. Resignados, tienden a reunirse en casas particulares, en grupos chicos para no llamar la atención de los vecinos que pudieran efectuar una denuncia en su contra. Allí transcurren toda la noche en lo que ellos mismos llaman previas eternas, reuniones largar en las que solo dialogan, escuchan música y toman alcohol.
Encontrar un espacio donde sentirse cómodos durante la adolescencia resulta hoy demasiado complejo. Por eso, algunos jóvenes, los menos, aburridos de la situación y sin ninguna solución a la vista, solo atinan a esperar a cumplir los tan ansiados 17 para poder estar a la altura de los demás y poder convertirse en jóvenes bolicheros.
A la luz de todos los riesgos que genera la aplicación de las actuales normativas cabe preguntarse si no estarían mejor adentro de un boliche, aunque en él haya gente más grande. Al fin y al cabo, estos espacios están bajo la lupa, siempre controlados y con los requisitos de seguridad exigidos.
Distintas alternativas que no convencen
Sin la posibilidad de acceder al boliche y con la matiné habitada completamente por preadolescentes, las fiestas privadas aparecieron como una solución para los chicos y como una alternativa, poco convincente, para el mundo adulto que, encontrándose en una disyuntiva deciden ser cómplices del menor, y así se prestan a organizar junto a ellos fiestas privadas.
En primera persona
María es madre de un adolescente que, inquieto, le pidió ayuda para organizar una fiesta junto a sus amigos y los progenitores de estos. Acorralada por la propuesta de su hijo y considerando esta problemática que se genera al existir espacios destinados al ocio de los adolescentes, María aceptó. Alquilaron un salón, contrataron un disc jockey, y se cursaron las invitaciones a numerosos chicos. A ellos se les cobró un costo para afrontar los gastos de los alquileres y del pago de los impuestos como Sadaic y Aadicapif.
Los jóvenes se encargaron de invitar a más gente de lo previsto y de decirles a los asistentes al evento que llevaran bebida alcohólica.
La fiesta comenzó pero pasadas las 3:00 personal policial suspendió el evento por encontrarse allí a menores bebiendo alcohol.
Muchas pretensiones
Contando su experiencia en primera persona, María reconoce que los chicos pretenden siempre más, no se conforman con nada y se chocan con la realidad que establece una normativa de nocturnidad. Y los padres preocupados no sabemos qué hacer, estamos entre la espada y la pared, es muy complicado poner límites, no podemos atarlos, no existe el plan B y solo nos queda confiar en ellos.
Particularmente hablo mucho con mi hijo, lo alerto ante los peligros, me preocupa no solo la ingesta excesiva de alcohol sino también el consumo de marihuana. Ser padres de adolescentes es una situación realmente complicada. Son múltiples los peligros a los que están expuestos los adolescentes del hoy y nosotros como padres tenemos que ser inteligentes a la hora de actuar y decidir, expresó María.
La visión de los operadores de los espacios nocturnos
En los últimos tiempos, en los espacios nocturnos de nuestra ciudad, se ha puesto mano dura en los controles de quienes ingresan a los boliches. Las mil maneras cómo adulterar un DNI para presentar en control de ingreso eran difundidas como reguero entre los chicos de 16 años que querían acceder a los locales con sus amigos de 17 ó 18, datos sobre artilugios y contactos con patovicas cotizaban en la bolsa informativa de los chicos. Pero en la actualidad esta barrera no se puede flanquear ya que existe la presencia de inspectores dentro de las instalaciones controlando, justamente, que no entren los menores.
Fe de esta rigurosidad en los controles dan los empresarios nocturnos, hombres de la noche que desde hace muchos años se dedican a este tipo de negocios y conocen bien el paño.
En contacto con el Diario, un referente nocturno pergaminense afirmó que existe un grave problema entre los adolescentes cuyas edades oscilan entre los 14 y los 16 años debido a que pareciera que nada los conforma. Junto a algunos amigos, también empresarios del rubro, hemos organizado en múltiples oportunidades las clásicas matiné, orientadas a los adolescentes que no pueden entrar aún al boliche. En ninguno de los eventos tuvimos suerte, no iba la cantidad de personas que esperábamos, por eso dejamos de organizarlas, dijo el entrevistado y manifestó que, a su criterio, el problema radica en que la mayor parte de los jóvenes, de 14 en adelante, consume alcohol. A esto se suma que los de 16 no quieren juntarse o compartir un momento con los de 13 ó 14 pero ante esta situación nada podemos hacer porque la ley es clara: no concurrencia de menores y mayores juntos en espacios en que se vende alcohol.
La cuestión del horario es otra a tener en cuenta dado que las matinés se extienden desde las 21:00 hasta apenas pasada la medianoche, y los chicos que son invitados a eventos de estas características, según el empresario consultado, no van, no quieren ir a las 21:00 para irse a la medianoche. Incluso sé de empresas que organizaron un gran evento destinado a los chicos que cursan los últimos años de la secundaria, cuya entrada era gratuita, se les regalaban gaseosas y hasta se sorteaba una moto, así y todo fueron 100 personas cuando esperaban más de 500. Los más chicos quieren ponerse a la par de lo que hacen los mayores y lamentablemente no pueden.
Controlar efectivamente
Una de las tareas más difíciles para los que están en las puertas de los boliches es ejercer de manera efectiva los controles. Es muy difícil ejercer un control eficaz porque los varones no cambian mucho su fisonomía pero las mujeres cuentan con otras herramientas que les permiten parecer más grandes de lo que son, por ejemplo, se visten de manera más provocativa, se maquillan, se tiñen el pelo, y realmente es una tarea muy difícil para verificar los documentos que, en muchas oportunidades son apócrifos, con poca luz y con fotos que cada vez son más minúsculas. Todo se presta a la confusión, además las chicas buscan la discusión con tal de ingresar al boliche, afirmó el entrevistado.
La presencia permanente de los inspectores durante gran parte de la noche permite la captación de los menores. Una vez detectado el mismo, los agentes se comunican con sus padres que deben ir a buscarlo. Amén de esto el espacio nocturno es sancionado con una multa onerosa que debe ser abonada por el responsable del boliche.
¿Competencia desleal?
La organización de fiestas privadas puede y no convertirse en competencia desleal para los empresarios nocturnos, todo depende de la presencia o no de mayores en dichos eventos. Sabemos de la organización de fiestas privadas y realmente esto nos pone en una situación desconsiderada porque a mí como empresario me solicitan habilitaciones, papeles, salidas de emergencia, que todo funcione a la perfección y en estas fiestas, recién ahora se están poniendo rigurosos, pero si no se hacían con total normalidad. Sabemos de jóvenes que organizaban los festejos y con la recaudación se iban de vacaciones, dijo el empresario.
Consultado respecto de la competencia desleal, el entrevistado señaló que si a las fiestas acuden solo menores no tenemos competencia pero si a la fiesta van mayores, eso nos resta.
Aplicando la visión de adulto responsable, el consultado enfatizó sobre la peligrosidad de las fiestas privadas ya que por lo general se desarrollan en quintas, que están próximas a una ruta.
Hablan ellos: Una vez que cumplís 16 no sabés qué hacer
La problemática crucial de los adolescentes se da en una edad específica, por lo menos en Pergamino: a los 16 años. La explicación de esta situación consiste en pensar que de 12 y 13 años van a las matinés, organizadas hasta la medianoche. A partir de los 14 los adolescentes comienzan a participar de los festejos de cumpleaños de 15 de las compañeras del colegio, familiares o amigas. Pero una vez atravesado ese período de fiestas sabatinas, precisamente a los 16 comienza el problema, el nudo de la cuestión. ¿Qué hacen estos adolescentes un sábado a la noche? En este informe, que no pretende ser una crítica ni muchos menos plantear una solución a esta situación tan compleja, solo dar cuenta de una realidad de nuestra ciudad.
En una charla informal, los adolescentes contaron lo que ya es sabido: El problema empieza después de que terminamos de ir a los cumpleaños de 15. Una vez que cumplimos 16 no sabemos qué hacer. Si bien algunas conocidas nos invitaban a sus festejos de 15, no es muy lindo estar rodeada de los más chicos.
Son tantos los adolescentes en la misma situación que un grupo de perspicaces idearon reuniones privadas que, al principio, fueron exitosas porque eran más bien íntimas, es decir, los invitados eran grupos de amigos muy allegados. Por efecto de las redes sociales, no pasó mucho para que esas fiestas privadas, llamadas así solo por el hecho de realizarse en propiedades particulares, se convirtieran en eventos masivos y con ello llegaron los controles y las posteriores clausuras. Participé de fiestas privadas que al principio eran buenas jodas pero que después se desvirtuaron, terminaban siendo clausuradas, dijo la joven consultada.
Perspicacia
La astucia es patrimonio de los jóvenes, y haciendo uso de la misma, los adolescentes, sobre todo las mujeres, suelen pedir a sus amigas mayores que les presten un documento de identidad que no utilicen para así poder trucharlos y presentarlo en la puerta de los boliches. Conseguí documentos de chicas conocidas mayores que yo y con ese DNI pasamos varias veces a los boliches pero en los últimos tiempos los controles se agudizaron y ahora es imposible. Quizá con el patovica pasás pero después están los inspectores que no pueden ser evadidos y que además permanecen durante la noche ejerciendo su poder y captando menores, contó la adolescente.
Lo que ellos quieren
Las pretensiones de los adolescentes escapan a lo que, por normativa, pueden hacer. Ellos literalmente quieren compartir su momento con los mayores, en los espacios exclusivos de mayores y bebiendo alcohol. Los adolescentes se reconocen como complicados y que cuando se organizaron matinés ellos no asistían ya que los de 16 queremos estar con chicos más grandes, no con chicos de 14. Además queremos consumir alcohol aunque sea en las previas. Yo aún tengo 16, pronto cumpliré 17 pero tengo compañeros de escuela que en un par de meses ya cumplen 18 y eso me incentiva a querer estar con ellos. Si bien hacemos reuniones en casas particulares, las llamadas previas eternas, llegado un momento mis amigos se van al boliche y yo me tengo que ir a casa a dormir, cuenta resignada la adolescente.
Por las calles
En el afán de entrar al boliche, los jóvenes intentan traspasar las barreras que disponen los boliches. No obstante pueden encontrarse con la posibilidad de no ingresar y eso expone al menor a una situación peligrosa porque el plan B en estos casos es pulular por las calles hasta que se haga la hora del desayuno que es otra misa de los jóvenes que encuentran en una panadería de la Avenida de Mayo un punto estratégico para comer facturas o tomar café. Nos ha pasado, junto a mis amigas, rebotar en el boliche y como no había otra joda nos quedamos en la calle haciendo nada, caminando pero últimamente si rebotamos en el boliche nos vamos a casa porque la calle está peligrosa, hay muchos robos, y tenemos miedo, manifestó la joven.