miércoles 08 de abril de 2026

Raúl Borrás, un imprescindible de nuestra democracia

28 de mayo de 2015 - 00:00

R ecordar a Raúl Borrás, “El Flaco” como todos lo conocimos aquí en su patria chica, es rendir un homenaje a aquellos dirigentes que fueron para la Argentina modelo de inteligencia, voluntad militante y astucia política.

Más de un dirigente en la actualidad soñaría con acercarse al menos a la talla de nuestro querido “Flaco” Borrás. 

Como muchos de su generación, se inclinó a la política siendo estudiante secundario y se afilió a la Unión Cívica Radical. En nuestra ciudad, en su casa, se reunían los jóvenes de Pergamino y cuando ya era mayor lo hacían con su hijo. Desde participar en el grupo TEA hasta militar intensamente, todo partía de esa vivienda en el centro de Pergamino, sobre calle General Paz, que desde el martes está señalada con una placa que recuerda su trascendencia.

Era una persona muy querida y sobre todo muy respetada, de carácter fuerte pero amable, supo cosechar amigos entrañables en nuestra ciudad y en la política a la que le dio su vida.

Borrás fue presidente del Concejo Deliberante de la ciudad de Pergamino. En 1964, el presidente Arturo Illia lo nombró subsecretario de Agricultura de la Nación siendo muy joven y ejerció ese cargo hasta el golpe de Estado del 28 de junio de 1966, en que el general Juan Carlos Onganía derrocó a Illia.

Con la política proscripta, Borrás se dedicó durante los años siguientes al periodismo: había sido encargado de la sección agropecuaria del diario La Voz del Plata, y trabajó en el diario LA OPINION. Dirigió el diario Pueblo, opositor a la dictadura de Juan Carlos Onganía. Tenemos el inmenso orgullo de decir que “El Flaco” Borrás fue parte de nuestra Redacción y fue un colega de lujo que no pasó desapercibido.

Luego, cuando nuevamente llamaron a las urnas, participó en la formulación de una alternativa a la conducción tradicional del radicalismo, que determinaría, en 1972, la fundación del Movimiento de Renovación y Cambio, liderado por Raúl Alfonsín.

Y aquí comienza su gran epopeya.

Fue diputado nacional entre 1973 y 1978.

Estrecho colaborador de Alfonsín, durante la dictadura de Videla fue un firme sostenedor de su candidatura presidencial. Alfonsín lo nombró su jefe de campaña en 1983 y, tras la victoria electoral lo eligió para el cargo de ministro de Defensa de la Nación.

Pero hasta llegar hubo mucho trabajo previo, de ese que así como es agotador, es pleno de risas, anécdotas, historias pequeñas y grandes. 

Hay que imaginar que Borrás recorrió todo el país llevando la idea de Alfonsín, por lo que los relatos de sus experiencias y peripecias abundaban. Su costumbre era, al llegar a un pueblo, instalarse en el bar como primera medida. Allí se enteraba de todo lo que sucedía en esa localidad, como sucede siempre en las confiterías. Y luego ya encaraba el Comité, cuando tenía pleno conocimiento de los movimientos políticos de la ciudad. Era un estratega nato y así fue recorriendo todo el país hasta instalar literalmente a Alfonsín como el candidato natural del radicalismo.

Desde el principio de su mandato como ministro de Defensa, el cargo más difícil en aquellos primeros momentos de la democracia recuperada, se abocó a la reestructuración de las Fuerzas Armadas con la intención de desmantelar el aparato represivo organizado durante la dictadura.

Secundó al presidente en su intención de someter a juicio a los responsables de la represión ilegal desatada durante la dictadura. Reformó el Código de Justicia Militar para posibilitar el juzgamiento de los militares por juzgados comunes, quitándolos del fuero militar, en los casos de crímenes contra civiles.

Había que tener mucho coraje en aquellas épocas para esa tarea, porque las Fuerzas Armadas estaban siempre a punto del alzamiento. Y gracias a la tarea inteligente de Borrás, se logró iniciar el camino de la democracia despejado de la amenaza permanente de los golpes militares, aún cuando hubo que soportar una Semana Santa muy difícil, cuando Borrás ya había fallecido, pero las bases sólidas que dejó en su trabajo hicieron que el levantamiento fuera sólo un sofocón. Para ese tiempo, ocupaba el cargo quien había sido su mano derecha, el también pergaminense Horacio Jaunarena, que tenía pensamiento y estilo similar.

A fines de 1984 fue intervenido de urgencia por un cáncer de pulmón, del que se recuperó para retornar su actividad política. Volvió a ser internado el 18 de mayo; falleció el 25 de mayo de 1985 en Buenos Aires y sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, junto a otros ilustres de la Patria. Tanto luchó para que Alfonsín llegara y apenas pudo vivir poco tiempo de su gobierno, pero no fue tiempo en vano: su labor marcó el futuro de las Fuerzas Armadas en democracia hasta la actualidad.

 

Hace 30 años un gran dirigente nos dejaba físicamente para siempre, pero su memoria quedará en la historia como un gran hombre, para el país y por supuesto para los pergaminenses que podemos enorgullecernos de haber contado entre nuestros vecinos a “El Flaco” Borrás, un hombre imprescindible de nuestra democracia.

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