viernes 03 de abril de 2026

Del creador de "No hay plata", se viene "Estamos mal pero vamos bien"

6 de enero de 2024 - 00:00

Javier Milei encontró la retórica que explica el clima de época. El "No hay plata" se convirtió en el cliché que es pronunciado ahora por todos. Martín Menem la usó cuando asumió como presidente de la Cámara de Diputados y veremos a otros personajes subirse al discurso. ¡Chapeau! Nos encantaría ser Noruega, pero no, somos esto. Un país que lleva 14 años seguidos de déficit y que perdió todo acceso al crédito, con la excepción de los pesos presos por el cepo. Más allá de lo fiscal, la economía está rota y la herencia que recibea Milei es bien peor que la recibió Mauricio Macri de Cristina Kirchner.

La captura de pantalla de Milei convertida en "meme" con el zócalo de "No hay plata" apareció en todos los chats familiares, con consignas como "igual a lo que dice papá" o frases similares. Esto es muy importante, porque más allá de la chanza lo que Milei propone es algo que en todas las casas y todas las empresas se hace, pero por alguna razón nunca conseguimos hacer en el Estado. Es decir, gastar en función de lo que generamos. Esta retórica es un buen comienzo y da un giro a los problemas de comunicación que tenían los ministros de Economía al tratar de explicarle a la sociedad, o a sus propios partidos, la importancia de la restricción presupuestaria.

Milei hizo otra cosa bien: bajó las expectativas de corto plazo, no vendió –ni siquiera en campaña- espejitos de colores respecto del trance que deberíamos pasar. Habló de la estanflación con la que conviviremos por 18 meses. La recesión con inflación puede ser más corta si es que las cosas salen bien, pero al menos no va a tener un problema de expectativas desmedidas como quizás tuvo el gobierno de Macri. Milei ya pateó la pelota más allá del famoso "segundo semestre". 

Una tercera cosa que hizo bien fue vender esperanza de cambio. Aunque la inflación no baje rápido ni la economía florezca para marzo, hay un sector no tan pequeño de la sociedad que está entusiasmado con el conjunto de reformas microeconómicas que propone Milei. Simplificación de trámites, desburocratizaciones, reforma del Estado, cambiar la forma en que se registran los autos, abrir la economía, desmantelar curros y bajar el gasto de la política. Porque bajar las expectativas está bueno, pero hay que vender esperanza. La sensación de una economía más normal y libre es parte de este proceso.

Hasta acá, lo positivo. Pero ante la incertidumbrede cómo va a estar la economía en 2024, la respuesta es "complicada", que no es lo mismo que la famosa muletilla kirchnerista de "es más complejo". Cualquier estrategia anti inflacionaria primero hará subir la inflación porque no hay anclaje de expectativas sin alineación de precios relativos. Si esperás que haya devaluación, no vas a dejar tus precios quietos. Lo mismo si el costo del transporte o de la energía sube. La devaluación, las subas de tarifas y la desaparición de la inflación reprimida van a hacer que la inflación en los primeros meses vuele. Esto lógicamente implica un problema social porque habrá que ver la velocidad de ajuste de los ingresos. Por eso, aunque la cosecha pinta bien y habrá buenos números por ese lado, el efecto de ajuste fiscal y mayor inflación inicial seguramente harán que la actividad económica esté deprimida.

Aunque no se notara tanto porque la CGT no hacía paros ni nada de eso, ya hay una depresión en marcha. Septiembre fue el primer mes en más de tres años en el que el empleo privado formal en relación de dependencia cayó. Todo de Massa, pero el efecto lo hereda Milei.

Cierto es que para opinar asertivamente hay que estar adentro y conocer todas las restricciones. Nunca se puede implementar todo lo que a uno le gustaría. En donde hay unanimidad entre mercado, academia y Gobierno es que la política fiscal será el ancla del plan de estabilización. Si no se logra una baja sustancial del déficit, la situación no será sostenible. Por eso el mensaje de "no hay plata" es clave. Que nadie espere la olla de oro al final del arco iris. Esto va en línea con la "Economía de Guerra" de Alfonsín en la previa del Austral o "El Estado está quebrado" de Menem.

La convicción de Milei parece a prueba de balas. El riesgo no es la convicción del presidente sino saber, en un contexto económico social tan adverso, cuánto recorte de gasto público conseguirá hacer. En el escenario base, Milei arranca con un déficit inercial que bien contado es de 4 puntos del PBI. Es decir que de no hacer nada, el déficit sería de 4 por ciento del PBI en 2024. La esperanza es que eso se transforme en un déficit de 0,7 por ciento, es decir, un ajuste de 3,3 puntos. Eso alcanzaría para generar una buena dosis de credibilidad y una baja de la inflación que hacia fines de 2024. Y quizás más importante, se pueda pensar en acceder al mercado en 2025 para refinanciar las deudas que vencen, no para tomar nueva deuda. Milei habla de bajar 5 puntos. Y está bien que sea más ambicioso, pero 3,5 puntos es más posible debido a que la calle y la política no se la harán fácil. Indefectiblemente se va a equivocar en alguna medida y veremos a buena parte de la política esperando con cuchillo y tenedor y la servilleta colgada en el cuello. El caldo de cultivo estará porque ser opositor con estanflación es mucho más fácil que haber sido opositor en 1993 con la economía volando o en 2004 con las tasas chinas de Néstor.

Si la convicción está y el cociente entre aciertos y errores es alto, la llave del éxito la tendrá la política en sentido amplio. El Congreso, los gobernadores, las organizaciones sociales y los sindicatos con sus 27 paros generales a gobiernos no peronistas en 40 años de democracia. Vale aclarar que el peronismo gobernó 28 años y otras fuerzas, 12. También es cierto que el sindicalismo perdió mucho predicamento y empleados formales. Pero no lo subestimemos.

En síntesis, empezamos un año con esperanza de cambios. El desafío económico es gigante y el desafío político mucho más. Siguiendo el efecto logrado con tu muletilla "No hay plata", que ha surtido un gran efecto, Milei debería buscar la versión Siglo XXI del "Estamos mal, pero vamos bien".

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