Una reunión tardía y sin soluciones inmediatas
Tras la difusión pública del documento de la SAP, comenzaron a generarse reuniones entre distintos actores vinculados al sistema de salud. Según explicó Buzetti, hubo encuentros con representantes del Concejo Deliberante, autoridades de Región Sanitaria IV, directivos hospitalarios y referentes de la entidad científica.
“La SAP es una entidad científica y lo que hizo fue apoyar un reclamo del personal médico. No buscaba ningún apoyo político ni partidario”, aclaró el profesional.
Sin embargo, mientras se desarrollaban estas mesas de diálogo, la realidad dentro del hospital siguió siendo la misma. La reunión formal con las autoridades hospitalarias recién se concretó días atrás, más de 20 días después del pedido inicial.
Y el panorama que encontraron estuvo lejos de llevar tranquilidad. “Lo que dejó la reunión fue un panorama un tanto desolador”, resumió el médico.
Según explicó, desde la dirección del hospital se planteó que existe un fuerte recorte presupuestario y que actualmente no hay fondos suficientes para incorporar profesionales ni para afrontar pagos adicionales que permitan atraer médicos de otras ciudades para cubrir guardias.
“Nos dijeron que hay un recorte total de presupuesto, tanto para cargos de médicos de guardia como para pagos de guardias de reemplazo”, explicó.
La situación se vuelve aún más preocupante en un contexto donde, además, ya se registraron dos renuncias recientes dentro del servicio. Cada salida representa un golpe difícil de absorber.
“Cuando un médico renuncia a su cargo, ese cargo es muy difícil reemplazarlo. Volver a conseguir un médico formado en pediatría hoy en día es muy difícil”, advirtió.
Guardias al límite
El relato de Buzetti deja en evidencia la presión permanente bajo la que trabajan los pediatras del hospital. La falta de profesionales hace que, en numerosas oportunidades, un solo médico quede a cargo de toda la guardia pediátrica.
“El médico de guardia debería hacerse cargo de la urgencia y emergencia, de los códigos rojos y amarillos. Pero hoy muchas veces hay un solo pediatra que, cuando atiende una urgencia, deja descubierta toda la demanda espontánea”, describió.
Ese escenario genera una tensión constante porque, aunque exista un sistema de triage que clasifica las consultas según su gravedad, en pediatría cualquier cuadro aparentemente leve puede agravarse en poco tiempo. “Un lactante con fiebre que inicialmente puede categorizarse como código verde puede transformarse en un potencial amarillo si queda esperando demasiado tiempo”, explicó.
Y agregó una de las frases más contundentes de toda la entrevista: “Estamos expuestos todos los días”.
La presión no es únicamente física. De hecho, Buzetti aseguró que el desgaste más fuerte es emocional y psicológico. “La verdad que es un trabajo agotador. Más que en lo físico, en lo psicológico y en lo emocional”, confesó.
A eso se suma otra dificultad estructural: la sala de internación pediátrica también queda bajo responsabilidad del médico de guardia, ya que actualmente no cuentan con médicos internistas pediátricos. “La sala de internación también pasa a ser resorte del médico de guardia”, indicó.
El invierno, la etapa más crítica
La preocupación crece aún más porque el sistema enfrenta este escenario justo cuando comienza la etapa epidemiológica más compleja del año para Pediatría.
Con la llegada de las bajas temperaturas aumentan las enfermedades respiratorias, las internaciones y los cuadros de alta complejidad en niños pequeños.
“Estamos entrando en la etapa epidemiológica más importante para pediatría”, explicó Buzetti.
Y detrás de cada estadística aparece el costado humano que los médicos no dejan de mirar. “Detrás de un número, de una cama ocupada más, hay un chico, hay una familia y hay una responsabilidad médica”, expresó.
En este contexto, otra de las herramientas históricas que ayudaban a descomprimir la guardia este año no pudo implementarse: el consultorio IRAB, destinado a la atención específica de infecciones respiratorias agudas bajas. “Este año no se pudo concretar por falta de personal”, confirmó.
La ausencia de ese dispositivo sanitario genera aún más presión sobre una guardia que ya funciona al límite de sus posibilidades.
Salarios deteriorados y dificultad para conseguir pediatras
El problema salarial aparece como otro factor determinante detrás de la crisis. Buzetti reconoció que las condiciones económicas actuales dificultan enormemente la incorporación de nuevos profesionales. “El sueldo no es suficiente”, sostuvo. Y añadió:
“El sueldo que ya era poco hoy sufre el mismo deterioro que todos conocemos. Entonces se hace aún más complicado conseguir gente que quiera trabajar en estas condiciones económicas”.
En paralelo, muchas guardias deben sostenerse gracias a médicos que viajan desde otras localidades para cubrir turnos. Cuando alguno de ellos no puede asistir o surge una licencia, el sistema vuelve a tambalear. “Siempre el personal es poco”, resumió.
La necesidad de visibilizar
Más allá de la gravedad del escenario, los pediatras consideran que uno de los avances logrados en estas semanas fue haber conseguido instalar la problemática en la agenda pública. “Lo que buscábamos era que esto se ponga en agenda municipal y en boca de la ciudadanía”, afirmó Buzetti.
El médico explicó que hasta hace poco existía una enorme diferencia entre la información que manejaban quienes trabajan dentro del hospital y lo que conocía la comunidad. “Había una brecha de información entre lo que manejábamos nosotros y lo que manejaba la población”, señaló.
La difusión del conflicto permitió que muchas familias comprendieran mejor por qué las demoras son cada vez mayores y por qué el sistema se encuentra trabajando al límite. “Ahora todos sabemos dónde estamos parados”, expresó.
No obstante, el propio profesional reconoce que todavía no hubo medidas concretas capaces de modificar la realidad cotidiana del servicio. “Seguimos trabajando en las mismas condiciones. Todavía no se generaron medidas visibles que mejoren la situación”, lamentó.
Mientras tanto, las expectativas están puestas en acciones reales que permitan sostener uno de los servicios más sensibles del sistema público de salud. Porque detrás de cada guardia sobrecargada, de cada cama ocupada y de cada espera interminable, hay niños, familias angustiadas y médicos que continúan sosteniendo el servicio aun en medio del agotamiento.