El secretario de Gobierno de la Municipalidad de Pergamino, Karim Dib, se refirió al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires teniendo en cuenta las dificultades que manifiesta en forma constante para concretar diferentes intervenciones, de las cuales muchas no se concretaron en nuestra ciudad y en otros puntos por supuesta falta de recursos. “Pergamino está en una situación que, en el contexto actual, podríamos definir como sólida. Venimos pagando los sueldos en término todos los meses; cerramos paritarias con normalidad; no paramos ninguna obra; y seguimos cumpliendo con los compromisos que asumimos con los vecinos”, resaltó el funcionario en el comienzo de la entrevista.
-¿Qué opina cuando escucha a funcionarios provinciales responsabilizar al Gobierno nacional por la situación de organismos bajo su órbita?
-Es una salida muy ligera, hasta falaz diría. Lo entiendo como recurso político, pero en algún momento la gente deja de comprar ese argumento porque ve lo que pasa en su ciudad. Ve si su municipio funciona o no funciona, si las obras avanzan o no avanzan, si los servicios están o no están. Y como en Pergamino y sus pueblos advierte que esa realidad no coincide con las explicaciones que dan, deja de creerlas. Nosotros preferimos no perder tiempo en esa discusión. Preferimos que los resultados hablen.
-¿Hay una diferencia de criterio en cómo se administran los recursos públicos entre la Provincia y el Municipio?
-No me gusta comparar porque cada nivel del Estado tiene sus propias complejidades y no siempre es justo hacerlo; pero es evidente que la diferencia de criterio es muy grande. En nuestro caso tenemos una premisa muy clara: no gastas lo que no tenes. Parece algo obvio, pero al frente de una gestión y en política no lo es. Muchas administraciones arrancan rebasando sus áreas de empleados, comprometiendo recursos que todavía no ingresaron, prometiendo obras que no saben cómo van a financiar, cerrando acuerdos que después no pueden cumplir. Eso genera un efecto dominó que tarde o temprano te explota en la cara. Nosotros trabajamos distinto. Primero vemos que tenemos, después que necesitamos o que sigue pendiente, que falta, y por último decidimos qué hacemos -y que no, por el momento-. Porque cuando algo no se puede, lo decimos.
-¿Cómo se sostiene el pago de sueldos en término y las paritarias en un contexto donde otros dicen que no pueden hacerlo?
-Mira, esta administración lleva más de diez años planificando. No solo los gastos, sino el rumbo. Gobernamos con Macri, con Alberto, con Vidal, con Kicillof, y ahora con Milei; con inundaciones, con sequías, con pandemia; y nunca lloramos ni le echamos la culpa a nada ni a nadie. En todos esos contextos, incluso con gobiernos nacionales y provinciales de signos distintos, nunca salimos a decir que no podíamos administrar nuestros recursos. Nuestras críticas, cuando las hacemos, son sobre promesas incumplidas, sobre obras que se anunciaron y no llegaron, sobre compromisos que no se honraron. Pero eso es diferente a decir que no podes funcionar. Con el mismo Milei que hoy algunos ponen como excusa para explicar por qué un servicio no funciona, nosotros no paramos una sola obra de nuestra agenda. Al contrario, avanzamos. Eso no es casualidad, porque hace más de una década que planificamos, que ordenamos, que no comprometemos lo que no tenemos. Y no permitimos que esa cultura de gestión dependa del gobierno nacional o provincial de turno.
-¿Cree que la gestión provincial tiene un problema de prioridades o directamente de capacidad administrativa?
-No me corresponde hacer ese diagnóstico sobre la Provincia. Sería irrespetuoso de mi parte y además no tengo todos los elementos para hacerlo. Lo que si puedo decir es que cuando uno ve la misma realidad interpretada de maneras tan distintas según quién la mire, algo no cierra. Pergamino es parte de la Provincia de Buenos Aires. Recibimos los mismos fondos de coparticipación, operamos en el mismo marco legal, enfrentamos el mismo contexto. Y sin embargo los resultados son diferentes. Yo no voy a decir que la Provincia administra mal. Pero tampoco voy a decir que la diferencia se explica solo por el tamaño o la complejidad. Hay decisiones que se toman o que no se toman. Hay prioridades que se fijan o no se fijan. Y eso tiene consecuencias que la gente termina viendo en su vida cotidiana.
-¿Pergamino paró alguna obra en lo que va del año?
-No. Ninguna. Si alguna vez ocurre, sería muy doloroso y hasta vergonzoso para nosotros, por el gran esfuerzo que hacen los vecinos. Que aún no nos haya pasado no es un detalle menor; sobre todo en un año en el que escuchas permanentemente que no hay fondos, que el contexto no acompaña, que la Nación no transfiere, nosotros seguimos avanzando con nuestra agenda de obras. No a un ritmo extraordinario, sino al ritmo que nos fijamos, que es el que podemos sostener con los recursos que tenemos. Eso es lo que significa planificar en serio. No anunciar lo que no vas a poder cumplir. No arrancar obras que no sabes como vas a terminar. Arrancar lo que podes terminar y terminarlo. Suena simple, pero requiere una disciplina que no todos están dispuestos a ejercer porque muchas veces implica decir que no, y decir que no, al frente de una gestión, es impopular. No es casualidad ni suerte. Es el resultado de una decisión política clara: desde el minuto uno hasta el último, sin solución de continuidad, administrar con responsabilidad lo que la gente nos confía. Cuando uno ordena las cuentas, cuando tiene claro cuáles son las prioridades y no gasta lo que no tiene, los resultados aparecen. No siempre es fácil, pero es la única forma seria de gestionar los recursos públicos.